1. Djibloho: una capital impuesta que incomoda incluso a los aliados
Fuentes del interior de Guinea Ecuatorial confirman que el dictador Teodoro Obiang tomó la decisión de trasladar la capital del país a Djibloho de forma unilateral y a su exclusiva conveniencia, sin consultar ni a ministros ni al propio primer ministro.
La medida ha generado un malestar evidente dentro del propio régimen, cuyos principales dirigentes le reprocharon en una reunión privada el carácter arbitrario de una decisión “sin pies ni cabeza”, advirtiéndole además de que dejará a Guinea un grave problema estructural cuando ya no esté.

Oyala la ciudad artificial elegida por decisión unilateral para albergar la capital de Guinea Ecuatorial.
Pero el enfado no se limita al ámbito interno. Representaciones diplomáticas extranjeras han trasladado también su profundo descontento ante la perspectiva de verse obligadas a trasladar sus embajadas a un enclave remoto, aislado en plena selva, sin infraestructuras adecuadas, sin servicios y sin garantías mínimas de seguridad ni operatividad diplomática. Para muchos países, esta imposición supone un serio obstáculo para mantener relaciones normales con el Estado guineano.
Lejos de reconsiderar la decisión, el régimen ha anunciado una reestructuración del Gobierno, cerrando aún más el círculo de fidelidades y obligando a ministros y altos cargos a desplazarse a esta capital artificial, símbolo de un poder cada vez más desconectado tanto de su población como de la comunidad internacional
2. Un navío ruso en Malabo: protección al régimen, no al pueblo
Desde Guinea nos hacen llegar imágenes de un navío ruso atracado en el puerto de Malabo, un hecho que refuerza la percepción de que el régimen está buscando apoyos externos para blindarse, no para mejorar la vida de la población.

Navío de la armada Rusa fondeado, ayer en el puerto de Malabo.
Tras el encarcelamiento en EEUU del antiguo aliado Nicolás Maduro, Obiang parece estrechar lazos con países que han estado apuntalando la dictadura asesina de Caracas.
Rusia no está en Guinea para paliar el hambre, la falta de medicinas o el colapso de los servicios públicos, sino para prestar cobertura y servicios de seguridad al entramado familiar del poder.
3. Infiltración y ataques contra el exilio: dinero, insultos y desprestigio
Las mismas fuentes del interior advierten de que, ante la debacle que se avecina, sectores adinerados del régimen se están movilizando para evitar que el poder se les escape. Para ello han activado una estrategia conocida: infiltración, compra de voluntades y campañas de descrédito en el exilio.

Estas maniobras van dirigidas especialmente contra el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) y contra aquellas personas audistas y otros opositores que, a través de sus audios y mensajes directos, están sacando a la luz las vergüenzas del entramado dictatorial, poniendo nombres y relatos donde antes solo había silencio.
El régimen ofrece dinero a personas sin escrúpulos para introducirse en los círculos del exilio, generar ruido, burlas y descalificaciones, con un objetivo claro: desprestigiar a quienes incomodan. Conviene estar alerta e ir desenmascarando a estos topos, no por revancha, sino por higiene política.
Capitales impuestas por capricho, alianzas militares opacas y guerra sucia contra quienes hablan desde el exilio no son signos de fortaleza, sino de agotamiento. El régimen ya no gobierna: resiste, y lo hace con las herramientas de siempre.


