Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas,
La actualidad sociopolítica de nuestro país atraviesa uno de sus momentos más delicados. Guinea Ecuatorial vive hoy atrapada en una crisis económica profunda que mantiene al dictador Teodoro Obiang contra las cuerdas, sin descanso y sin margen de maniobra. No es una percepción: es una realidad objetiva.
El Fondo Monetario Internacional ha bloqueado todos los créditos al país, cerrando una vía que el régimen daba por segura. En la última cumbre de la CEMAC, Obiang fue señalado por sus propios homólogos como el único dirigente de África Central con problemas graves de insolvencia, credibilidad y bloqueo financiero internacional.
No es casualidad.
El dictador recibió en su día una exigencia clara del FMI: declarar los bienes de su familia y de toda la estructura de su Gobierno. No lo hizo. Y hoy paga las consecuencias. Consecuencias que no solo le afectan a él, sino que castigan injustamente a todo un pueblo.
Guinea Ecuatorial sufre una crisis moral, social y política de gran calado.
La corrupción y el robo sistemático se han normalizado.
Las desigualdades sociales son obscenas.
El sistema educativo y sanitario está en ruinas.
Las enfermedades endémicas, la inseguridad, la falta de vivienda y el desempleo golpean a la mayoría de guineanos.

Este es el verdadero balance de más de cuatro décadas de dictadura.
Por eso insistimos: la solidaridad, la justicia social, el Estado de derecho, la dignificación de la vida humana, la democracia y la libertad no son consignas vacías. Son los pilares imprescindibles para construir una Guinea Ecuatorial libre, moderna y próspera.
Las dictaduras largas —como las de Guinea Ecuatorial, Venezuela, Nicaragua, Irán o Cuba— ya no son intocables. No porque de repente hayan perdido brutalidad, sino porque han dejado de ser útiles para muchos actores internacionales.
Se han vuelto caras, imprevisibles y tóxicas.

Nuestro país está bloqueado por dentro:
economía paralizada,
miedo social,
una sucesión imposible,
élites nerviosas
y una población cansada de sobrevivir sin futuro.
El régimen ya no ofrece esperanza ni siquiera a los suyos.

Democratizar Guinea Ecuatorial beneficia a Europa, a Estados Unidos y a África Central.
La dictadura bloquea inversiones, expulsa talento, genera emigración forzada y desestabiliza toda la región.
La democracia, en cambio, abre oportunidades, crea seguridad jurídica, atrae inversión y devuelve dignidad.

Y quiero dejar algo muy claro:
no estamos simplemente esperando a que caiga la dictadura.
Estamos trabajando, preparando y diseñando el país que viene después.
Con instituciones, con equipos, con propuestas y con responsabilidad.
Con la convicción de que Guinea Ecuatorial tiene futuro y de que ese futuro será democrático.
Ese es nuestro compromiso.
Ese es nuestro deber histórico.
Un fuerte abrazo fraternal.


