Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas,
Los pueblos no olvidan.
Pueden pasar los años.
Puede imponerse el miedo.
Puede silenciarse la verdad durante décadas.
Pero llega un momento en el que la conciencia de un pueblo despierta y empieza a mirar de frente a quienes lo condenaron al sufrimiento.
Y hoy, Guinea Ecuatorial está viviendo ese momento.
Porque después de 47 años de poder absoluto, nuestro pueblo sabe perfectamente quién es el responsable de esta tragedia nacional.

Teodoro Obiang Nguema.
Un hombre que llegó prometiendo estabilidad y terminó convirtiéndose en un indecente e inepto dictador implacable, gobernando contra la voluntad del pueblo, destruyendo las libertades, asfixiando la justicia y frenando el desarrollo humano, social, cultural y político de toda una nación.
Durante años intentaron convencernos de que vivíamos en un país ejemplar.
Nos hablaron de modernidad.
Nos engañaron cuando decían que todo lo que hacía Obiang era progreso.
Nos deslumbraron con infraestructuras grandiosas.
Pero la realidad siempre termina imponiéndose sobre la propaganda.
Porque mientras el pueblo sufría pobreza, miedo y abandono, el régimen construía palacios para sí mismo.
Construyeron Sipopo para impresionar a mandatarios extranjeros mientras muchos guineanos no podían acceder a los servicios más básicos.
Levantaron Oyala, una ciudad fantasmal en mitad del bosque, símbolo de un poder desconectado totalmente de la realidad del pueblo.
Construyeron autopistas vacías, aeropuertos privados, hoteles de lujo, hospitales propios y residencias exclusivas mientras miles de familias seguían viviendo sin oportunidades, sin empleo y sin esperanza.
Todo pensado para una élite.
Nada pensado para el guineano.
Y hoy la pregunta resuena en la conciencia nacional:
¿De qué sirve acumular riquezas, mansiones, aviones y dinero escondido en paraísos fiscales cuando un pueblo entero ha sido abandonado?
La historia de África está llena de dictadores que creyeron que el poder era eterno.
Ninguno pudo llevarse nada a la tumba.
Ni el dinero.
Ni los palacios.
Ni el miedo y la miseria que sembraron.
Solo dejaron detrás el recuerdo amargo de una oportunidad perdida para sus pueblos.
Y Guinea Ecuatorial merece mucho más que eso.

El tiempo de las verdades
Las recientes palabras del Papa León XIV en Guinea Ecuatorial han tenido un impacto profundo dentro y fuera del país.
El Santo Padre habló de dignidad, de justicia, de derechos humanos, de libertad y de responsabilidad moral ante el sufrimiento de los pueblos.
Y sus palabras recordaron inevitablemente aquellas pronunciadas por San Juan Pablo II en Malabo en 1982, cuando pidió al presidente de Guinea Ecuatorial que trabajara por:
“un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y de promoción de los derechos de cada persona”.
Han pasado más de cuatro décadas desde aquel mensaje.
Y la realidad es dolorosa:
El régimen hizo exactamente lo contrario.
Se gobernó con mano de hierro.
Se silenció al pueblo.
Se persiguió al discrepante.
Se confundió el Estado con una familia.
Se utilizaron las riquezas nacionales para fortalecer un poder personal.
Pero incluso los sistemas más cerrados terminan mostrando señales de agotamiento.
Hoy, por primera vez en muchos años, el entorno del poder siente miedo.
Miedo a perder el control.
Miedo a la presión internacional.
Miedo al despertar de un pueblo cansado de humillaciones e ineficacia.
Miedo a una transición política que ya empieza a vislumbrarse en el horizonte.
Porque el cambio ya no es solo un deseo del exilio.
El cambio empieza a convertirse en una necesidad histórica.

Armengol Engonga Ondo durante sus primeros años de exilio político.
Décadas después, la esperanza de una Guinea Ecuatorial libre, justa y reconciliada sigue intacta. Porque hay sueños que ni el tiempo, ni la distancia, ni el miedo consiguen derrotar.
Nosotros elegimos la esperanza
Queridos compatriotas,
Después de tanto sufrimiento, sería fácil caer en el odio.
Pero nosotros no luchamos por venganza.
Luchamos por algo mucho más grande:
luchamos por recuperar nuestro país.
En el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial seguimos trabajando cada día, tomando decisiones importantes y preparándonos con responsabilidad para el futuro que se aproxima.
Queremos volver a nuestra tierra en libertad.
Queremos abrazar de nuevo a nuestro pueblo.
Queremos reconstruir instituciones dignas.
Queremos devolverle la esperanza a una juventud que durante demasiado tiempo solo ha conocido el miedo o el exilio.
Y sí, aspiramos legítimamente a liderar un futuro Gobierno de Unidad Nacional.
No para sustituir una imposición por otra.
Sino para abrir una nueva etapa basada en:
- la democracia
- el Estado de Derecho
- la reconciliación nacional
- la justicia social
- y la dignidad de todos los guineanos
Porque Guinea Ecuatorial no nació para ser una finca privada de nadie.
Guinea Ecuatorial nació para ser una nación libre, orgullosa y respetada.

Lo mejor está por llegar
Compatriotas,
La noche ha sido larga.
Muy larga.
Pero incluso la oscuridad más profunda termina desapareciendo cuando empieza a amanecer.
Y yo estoy convencido de algo:
nuestro amanecer está cada vez más cerca.
Veo esperanza en nuestra juventud.
Veo esperanza en el despertar de la conciencia internacional.
Veo esperanza en quienes ya no tienen miedo de hablar.
Veo esperanza en un pueblo que empieza a creer otra vez en sí mismo.

Y cuando un pueblo recupera la esperanza… ya nada puede detenerlo.
Lo bueno está por llegar.
Un gran abrazo fraternal,
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


