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El pueblo guineano por sí solo no puede sacudirse el yugo de la dictadura

Por Redacción

22/09/2025

Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del PPGE

Esta fue la conclusión a la que llegó el Departamento de Estado de Estados Unidos hace ya veinte años, y hoy sigue siendo más vigente que nunca. En Guinea Ecuatorial no existe un gobierno legítimo, sino una banda de malhechores que lleva casi medio siglo acumulando poder absoluto y riquezas a costa de un pueblo sometido. Lo que a primera vista parece un Estado es, en realidad, una maquinaria de represión sostenida por el miedo, la corrupción y los pactos con potencias extranjeras interesadas en mantener al dictador en pie.

La experiencia de Venezuela demuestra hasta qué punto una dictadura petrolera es capaz de blindarse frente a la voluntad popular. Nicolás Maduro no gobierna gracias al respaldo ciudadano, sino por el control férreo de las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia, los tribunales y las instituciones electorales, todo ello reforzado por la ayuda de aliados externos como Cuba, Rusia, China, Irán y Turquía. En Guinea Ecuatorial la lógica es la misma: Obiang no es un presidente, es el jefe de un entramado mafioso que se sostiene en la represión interna y en el auxilio de potencias extranjeras que ven en el golfo de Guinea un enclave estratégico.

La realidad es brutal: cualquier intento de levantamiento interno en Guinea sería aplastado sin piedad. El ejército está en manos de familiares directos del dictador, la policía y la gendarmería actúan como fuerzas de intimidación permanente, y los servicios de inteligencia controlan a la población mediante la tortura, las cárceles y la desaparición de disidentes. No hay prensa libre ni tribunales independientes. El fraude electoral es la norma: resultados del 95 o el 99% son presentados con descaro como “mandatos populares”.

A esta red de control interno se suma el blindaje internacional. Rusia y China suministran armas y respaldo diplomático, Turquía y Cuba aportan inteligencia y cooperación en seguridad, y todos ellos cierran filas para mantener a Obiang a salvo de sanciones efectivas. Lo que debería ser un Estado soberano se ha convertido en un protectorado de dictaduras extranjeras, interesadas en el petróleo y en la posición estratégica del país en el golfo de Guinea.

Rusia,China, Cuba, Iran…estos países se han convertido en el sostén de muchas dictaduras africanas, especialmente la de Obiang Nguema

Por eso es necesario decirlo con toda claridad: el pueblo guineano, por sí solo, no puede sacudirse el yugo de la dictadura. Las movilizaciones internas son heroicas pero insuficientes frente a un aparato represor que actúa con total impunidad y sin límites morales. Quien pretenda comparar a Guinea con países donde un cambio puede nacer desde dentro, desconoce la naturaleza del régimen: aquí no hay instituciones que se puedan regenerar, sino una estructura criminal incrustada en todos los niveles del poder.

La lección venezolana es reveladora. Si un país con millones de ciudadanos movilizados, con apoyos internacionales de peso y con una diáspora poderosa no ha logrado acabar con Maduro, ¿cómo podría hacerlo un pequeño pueblo como el guineano, aislado, pobre y vigilado día y noche por las fuerzas del régimen? Pretender que la sociedad ecuatoguineana logrará sola derrotar a Obiang es condenarla a una espera inútil y cruel.

Aquí es donde cobra todo su valor el exilio guineano, que tiene las manos libres para denunciar sin miedo los crímenes de la dictadura. Su presencia en el exterior es clave para trasladar a la comunidad internacional la realidad de Guinea, para articular apoyos diplomáticos y políticos, y para recordar al mundo que el pueblo vive secuestrado bajo un régimen de terror. Sin la voz del exilio, la causa de la libertad estaría condenada al silencio y al olvido.

Esta es también la conclusión a la que ha llegado el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE): sin apoyo internacional decidido no habrá democracia. Por ello, el PPGE busca alianzas y presiona para que las democracias occidentales ejerzan la fuerza necesaria que obligue a la familia Obiang a abandonar el poder y abrir el camino hacia una verdadera transición.

Guinea Ecuatorial no es un país gobernado: es un pueblo secuestrado. Y todo secuestro exige la intervención de fuerzas externas para liberar a la víctima.

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