Redacción
Antes de la independencia, Guinea Ecuatorial vivía una integración racial más natural y espontánea que la que tenemos hoy. Fang, Ndowe, Bubi, Bisio, Annoboneses…convivían, se relacionaban, se casaban entre sí y compartían el mismo horizonte de un país que se preparaba para gobernarse. Esa convivencia no era perfecta, pero era auténtica, y formaba parte de la vida cotidiana de muchos guineanos.
Lo que ha sucedido después no es fruto del pueblo, sino de la estrategia de la dictadura. Durante más de medio siglo, el régimen de Obiang ha aplicado el manual clásico de las dictaduras africanas: dividir a la sociedad en escalones cada vez más pequeños para debilitarla. Primero la división étnica, luego la regional, después la tribal, y finalmente la ruptura dentro de las propias familias. Una obra sistemática de segregación que ha dado sus frutos y que el dictador ha sabido aprovechar para perdurar en el poder.

El resultado lo vemos hoy: desconfianza, rivalidad y resentimiento sembrados entre pueblos que antes se reconocían como hermanos. Y cada vez que repetimos el discurso de la división, estamos validando el éxito del régimen y haciéndole el trabajo. Vemos, por ejemplo, cómo un tiktoker se suma a sembrar discordia entre las etnias, culpando a los usuarios de las redes sociales de alentar la inquina contra los fang, acusándoles de marginar a las demás —bubi, bisio, ndowé y annoboneses—, cuando en realidad es la dictadura la que lo hace. Frente a esto, y a los insultos que algunos activistas vierten contra los exiliados, Obiang se frota las manos, porque estamos picando en su anzuelo. La verdad es otra: el enemigo no es el Fang, ni el Ndowe, ni el Bubi, ni el Bisio, ni el Annobonés. El enemigo es la dictadura, que ha impuesto un muro de sospecha entre guineanos para sostenerse en el poder.

Desde el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE), denunciamos con claridad esta estrategia del régimen y afirmamos que nuestro compromiso es exactamente el contrario: reconstruir la unidad nacional en la diversidad. Creemos que todos los guineanos, sin importar su etnia, región o procedencia, deben formar parte de un proyecto común de democracia, justicia y libertad.
Ahora nos toca a nosotros recomponer la sociedad. Eso significa no juzgar en masa, pero sí exigir responsabilidades individuales a quienes han colaborado activamente con la dictadura. Significa eliminar cualquier atisbo de etnocentrismo, trabajar para desterrar el racismo etnocentrista y apostar por una democracia deliberativa que reconozca nuestra diversidad lingüística y cultural como riqueza, no como amenaza.

El PPGE tiene claro que el futuro de Guinea exige políticas de consenso, donde las distintas comunidades estén representadas, dialoguen y construyan un proyecto común. Solo así podremos restaurar la confianza y reconstruir el tejido social roto por medio siglo de dictadura.
La Guinea auténtica no es la de la división, sino la de la unidad en la diversidad. Recuperar esa memoria de convivencia y proyectarla hacia el futuro es la verdadera tarea histórica de nuestra generación. Desde el PPGE reafirmamos nuestro compromiso con este objetivo: reconciliación, democracia y libertad para todo el pueblo guineano.


