Redacción
La historia de Guinea Ecuatorial sigue siendo una herida abierta. Desde los años de la preindependencia, pasando por la dictadura sangrienta de Macías Nguema y hasta la interminable etapa de Obiang, la verdad ha sido manipulada, distorsionada o silenciada. Urge, por tanto, emprender una investigación seria y rigurosa que nos permita rescatar los hechos, dar voz a las víctimas y señalar con claridad a los verdugos.
No se trata de venganza ni de ajuste de cuentas. Será la justicia independiente la que deba sancionar a cada uno. Se trata, más bien, de que nuestra futura transición a la democracia se construya sobre la realidad de lo ocurrido y no sobre la mentira o el olvido. Pues corremos el peligro de cerrar en falso.
El régimen actual ha impuesto un relato único en el que todo gira en torno a la figura de Obiang, como si antes de él no hubiese existido nada ni nadie. En las escuelas no se enseña quiénes fueron los verdaderos líderes de la independencia, ni se estudian sus biografías, ni se honra su legado. Reconocerlos sería aceptar que existió un proyecto de nación más digno, más libre y más justo que el que hoy padecemos. Un pueblo al que se le arrebata la memoria es un pueblo condenado a vivir bajo la manipulación de quienes se apropian de la verdad.
Rescatar esa memoria supone devolver la voz a los precursores y mártires que dieron la vida por la independencia: Enrique Nvo Okenve fue asesinado en Camerún; Acacio Mañé Ela, precursor también, murió asesinado y arrojado al mar. Salvador Ndong Ekang falleció por causas naturales antes de la independencia. Enrique Goriz Monuvela, presidente de la Diputación Provincial de Fernando Poo, fue asesinado en Black Beach por las milicias de Macías. Federico Ngomo Nandongo presidió la Diputación de Río Muni. Bonifacio Ondó Edu, presidente del Gobierno Autónomo de la Guinea Española y candidato a la Presidencia en las elecciones de 1968, fue asesinado vilmente en la prisión de Black Beach. Atanasio Ndongo Miyono, candidato presidencial y primer ministro de Asuntos Exteriores tras la independencia, fue acusado de conspirar contra Macías y ejecutado en la cárcel Modelo de Bata. Saturnino Ibongo, primer embajador de la Guinea independiente, fue acusado de participar en el fallido golpe de marzo de 1969 y asesinado. Rufino Muatatema, alto funcionario de Obras Públicas, fue acusado de ser contrario al régimen, apodado con sorna “Carrero Blanco” y finalmente asesinado en prisión. Salvador Engono Nkogo, luchador por la independencia, cayó abatido a tiros en plena vía pública tras un altercado con las fuerzas de seguridad.

Pero frente a estos héroes, también hubo verdugos. Mariano Ndemzogo, sargento de la Guardia Nacional y jefe de las cárceles de Bata y Malabo, se destacó por su sadismo, llegando a ensañarse con presos como Atanasio Ndongo. Tras su retiro fue repudiado por su propia comunidad y murió en el aislamiento. Fortunato Nfulu Enguang, brigada de la Guardia Nacional y jefe de la prisión de Bata, trataba a los presos políticos como despojos humanos y llegó a descuartizarlos a machetazos. Salvador Ondo Ela, otro sargento y jefe de cárcel en Malabo, utilizaba perros de presa para despedazar a reclusos marcados por el régimen; aunque fue procesado tras la caída de Macías, resultó absuelto y acabó siendo delegado gubernativo en Mongomo, donde falleció años después.
La lista de verdugos se prolonga en la continuidad represiva entre la dictadura de Macías y la de Obiang. Figuran nombres ya fallecidos, como Cayo Ondo Mba Angue, Manuel Nguema Mba, Chico Ndong (alias Tenso Tenso), Mba Mendam (alias EFE Pule) y Pedro Motu, verdugo y víctima a la vez.

Existen todavía numerosos personajes que, en la actualidad, continúan siendo utilizados por Obiang para ejercer la represión sobre los disidentes. Sobre muchos de ellos pesan testimonios graves que los vinculan con asesinatos, abusos y violaciones sistemáticas de los derechos de nuestro pueblo. Nombres como Ondó Nkumu, Miguel Edjang Angue o Heriberto Meco figuran en esta larga lista de responsables cuya impunidad sigue intacta.
Resulta alarmante comprobar cómo en ciertos sectores de la oposición hay quienes incluso ensalzan la figura de Macías, olvidando que fue el peor asesino de nuestra historia. Aceptar la mentira como verdad equivale a seguir haciéndole el juego a la dictadura.
Como advirtió Santayana: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Guinea Ecuatorial corre el riesgo de cerrar en falso su futuro si no afronta con valentía y justicia su pasado. Nuestra memoria histórica no puede seguir borrada. No podemos permitir que la dictadura decida quiénes fueron héroes y quiénes villanos. La verdad pertenece al pueblo, y rescatarla es el primer paso para construir una democracia sólida y auténtica.
Las dictaduras que más duran son aquellas que se apoderan de la verdad. Por eso, liberarla es un acto revolucionario y una condición imprescindible para la libertad de Guinea Ecuatorial


