Por Luciano Ndong Esono Oyana, Presidente del Consejo Geográfico del PPGE en Reino Unido
Obiang y su camarilla
La realidad sobre Guinea Ecuatorial no es un invento de la diáspora, ni el fruto de supuestas mentes perversas que critican por deporte al “gran movimiento de masas”. No. Todo lo que se dice desde fuera es, en el mejor de los casos, generoso frente a la magnitud de la tragedia que se vive dentro. La dictadura puede maquillar datos, pero la realidad supera la ficción.
Hoy en Guinea Ecuatorial, resulta más rentable salir en público a insultar a la disidencia que ejercer como funcionario del Estado. Esa es la medida de un régimen que ha convertido la adulación al dictador en profesión oficial.
Yo mismo, como tantos otros, un día decidí dejar de reír las gracias al tirano. Formo parte de la oposición, dentro del Partido del Progreso, y nuestra lucha es encontrar las fórmulas políticas para revertir esta situación insostenible. Criticar la dictadura no es exagerar: es constatar una evidencia. Y quienes la niegan, lo hacen porque ya han vendido su alma al diablo.
Los hospitales de la muerte

Esta es la triste realidad de los hospitales en Guinea Ecuatorial, por muchas hipócritas disposiciones de la dictadura
Tomemos un ejemplo concreto: la sanidad.
En Guinea Ecuatorial, ser llevado a un hospital público equivale a una sentencia de muerte. El Hospital General de Malabo es un monumento a la desidia: médicos ilocalizables, más pendientes de la barra del bar que del paciente que se desangra en urgencias. Cuando finalmente aparecen, antes de atender al enfermo se dedican a investigar “las causas sociales” del accidente o enfermedad, como si fueran policías en lugar de médicos.
Mientras tanto, el paciente agoniza. Y si tiene la mala suerte de ser derivado a las clínicas privadas de la esposa del dictador, entra directamente en el corredor de la muerte sin juicio previo. Esta no es una exageración, es la realidad.
¿Existen hospitales dignos en Annobón, en Cogo, en Acutnnam? La respuesta es un rotundo no. Y nadie en el régimen puede negarlo con seriedad.
La educación: una parodia nacional

La educación es otro de los grandes fracasos del régimen. Después de medio siglo de gobierno, ¿qué universidad nueva ha levantado Obiang?
La Universidad Nacional de Malabo no fue más que una escuela de agronomía reconvertida. El supuesto “gran proyecto universitario” de Oyala no pasa de ser un cascarón vacío en mitad de la selva, sin infraestructuras básicas.
Paradójicamente, el dictador sí ha financiado una universidad en Cotonou (Benín) con dinero de Guinea Ecuatorial. Una traición sin paliativos: niega la formación a su propio pueblo, mientras construye instituciones en el extranjero para lavar su imagen.

Obiang subvenciona otras universidades en Africa, mientras abandona la nuestra.
Una dictadura sin excusas
No hablamos de rumores. Hablamos de hechos incuestionables: hospitales disfuncionales, escuelas fantasmas, inversiones fraudulentas y una administración convertida en maquinaria de propaganda.
El Partido del Progreso lo dice claro: estar disgustado con la verdad es repugnante, pero más repugnante es callar. La dictadura podrá seguir inventando infundios, pero su palabra vale hoy lo que una peseta en un mercado del Sáhara.
Guinea Ecuatorial ha sufrido demasiado. Ya no hay espacio para eufemismos ni para silencios cómplices. Denunciar no es exagerar: es una obligación moral.
El compromiso del Partido del Progreso
Frente a esta tragedia nacional, el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) y su presidente, Armengol Engonga, mantienen un compromiso firme e irrenunciable: trabajar por una Guinea libre, democrática y próspera. Nuestra voz, dentro y fuera del país, es la voz de quienes ya no pueden hablar. Nuestro deber es señalar los abusos, movilizar a la ciudadanía y preparar la transición hacia un futuro donde la sanidad no sea una sentencia de muerte, la educación no sea una parodia y la política no sea esclava de la corrupción.
Porque Guinea Ecuatorial merece algo mejor que esta dictadura agotada. Y el PPGE, con el apoyo de su presidente y de todos sus militantes, no descansará hasta alcanzarlo.


