Por Juan Cuevas, Secretario de formación del PPGE
El PPGE apuesta por emprendedores que crean empleo, no por subsidios que crean dependencia
El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) defiende una visión económica clara: un país sólo puede prosperar cuando sus ciudadanos son libres para emprender, innovar y generar empleo, y no cuando dependen artificialmente de subsidios que los mantienen atados a un sistema que perpetúa la pobreza. Pero en Guinea Ecuatorial la situación es aún más grave: la dictadura del PDGE ha ido un paso más allá. En vez de subvencionar, empobrece deliberadamente a los ecuatoguineanos que no forman parte de su partido único o que se atreven a oponerse al régimen. No sólo se niega a ofrecer ayudas; humilla, castiga y empuja a la miseria de manera planificada. A quienes reciben algo, se les da a veces unas alitas de pollo que deben recoger del suelo, como si fueran súbditos indignos y no ciudadanos con derechos. Esa es la “política social” del PDGE: convertir la pobreza en un instrumento de dominación.

Dos alitas de pollo, 2 tazas de arroz y un cuello de pavo, la comida que Obiang distribuye para navidad.
En otros países, los gobiernos utilizan las subvenciones como herramientas de control político, lo cual ya es perverso de por sí. Pero en Guinea Ecuatorial, el régimen sustituye incluso ese mecanismo por uno más cruel: da algo únicamente al militante sumiso, mientras margina y castiga económicamente al independiente, al crítico y al opositor. Las ayudas, cuando existen, crean una falsa sensación de seguridad y no resuelven los problemas estructurales. Cuando alguien cree que siempre habrá un subsidio, disminuye su incentivo para innovar, competir, mejorar y crecer. Eso destruye la productividad, convierte la pobreza en un fenómeno crónico y transforma al ciudadano en dependiente del poder.
Frente a este modelo fallido y profundamente deshumanizador, el PPGE propone liberar el potencial productivo de los ecuatoguineanos y construir una economía donde la riqueza sea fruto del talento, la creatividad y el esfuerzo. Cuando miles de iniciativas privadas florecen—pequeños negocios, agricultura sin intermediarios opresivos, cooperativas, empresas tecnológicas o proyectos productivos locales—la economía se dinamiza de manera real y, sobre todo, aumenta la recaudación fiscal de forma sana.
Esa mayor recaudación permite al Estado financiar los servicios sociales que realmente importan: salud, educación, atención a discapacitados, protección infantil y apoyo a los más vulnerables. No limosnas. No alitas de pollo. Derechos. Un sistema social justo ayuda a quienes lo necesitan sin convertir en dependientes a quienes pueden prosperar por sí mismos.
El PPGE defiende una reducción drástica de la burocracia, la eliminación de trabas administrativas, la garantía de seguridad jurídica y la creación de vías reales de financiación para quienes desean emprender. El objetivo no es regalar dinero, sino crear oportunidades. Microfinanzas accesibles, formación técnica moderna, incentivos a la innovación, alianzas con el sector privado y marcos regulatorios estables son herramientas que permiten que el emprendedor ecuatoguineano crezca porque su trabajo tiene recompensa, no porque reciba una ayuda periódica condicionada a la obediencia política.
El empleo no debe surgir de oficinas gubernamentales ni de favores personales, sino del dinamismo de miles de actividades privadas que generan valor real. El PPGE quiere que los jóvenes puedan crear empresas sin pedir permiso al régimen, que los agricultores produzcan y vendan sin pasar por redes de presión política, que los profesionales independientes compitan en igualdad de condiciones, que los inversores encuentren reglas claras y que la riqueza deje de concentrarse en manos de una élite conectada al PDGE.

Frente a una dictadura que utiliza la pobreza y la humillación como mecanismos de control, el PPGE apuesta por la dignidad económica del ciudadano. Un país libre no necesita súbditos agradecidos, necesita emprendedores valientes. Un país justo no necesita clientelas dependientes, necesita ciudadanos que crean valor y generan empleo. Y un país próspero no necesita subsidios eternos, necesita estabilidad, inversión, oportunidades y una economía fuerte que permita financiar servicios sociales verdaderos.
La propuesta del PPGE es tan simple como revolucionaria para Guinea Ecuatorial: liberar la energía creativa de su gente, romper las cadenas de la dependencia, acabar con la pobreza programada y construir una economía sólida basada en el mérito y la iniciativa privada. Porque ningún subsidio crea libertad, pero la libertad bien gestionada sí puede crear toda la prosperidad, toda la dignidad y toda la justicia social verdadera que nuestro país merece.


