Por Armengol Engonga Ondo. Presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
A lo largo de los años, cada vez que he tenido la oportunidad de dirigirme al pueblo de Guinea Ecuatorial en entrevistas, foros o declaraciones públicas, he repetido con firmeza y convicción un mensaje claro: ha llegado el momento de los guineanos. Ha llegado la hora del cambio.
Siempre he dicho que nuestro país, bendecido por la naturaleza y con un pueblo generoso, no merece vivir bajo una dictadura que ha empobrecido nuestras vidas, aplastado nuestras aspiraciones y silenciado nuestras voces. Guinea Ecuatorial ha sido gobernada durante décadas por una familia que ha hecho del poder un instrumento de enriquecimiento personal, dejando al pueblo en la miseria, el abandono y el miedo.
En todas mis intervenciones he denunciado la ausencia de libertad, la falta de justicia, la inexistencia de servicios públicos dignos y la violencia estructural ejercida contra todo aquel que piensa diferente. Pero también, siempre he ofrecido esperanza.

Siempre he dicho que el Partido del Progreso no viene a alimentar el odio, ni la venganza, ni el resentimiento. Venimos con la voluntad de construir un país nuevo, reconciliado consigo mismo, donde la política sea una herramienta al servicio de las personas. Siempre he defendido una transición pacífica, negociada, donde nadie quede excluido, pero donde nadie pueda seguir violando impunemente los derechos de la ciudadanía.
En todas las entrevistas he insistido en que una democracia no se improvisa, se construye. Se construye con leyes justas, con instituciones fuertes, con ciudadanos exigentes y comprometidos. Una ciudadanía culta y activa es la mejor garantía para que ningún político vuelva a abusar del poder. He dicho —y seguiré diciendo— que los políticos no son superhombres, son servidores públicos. Y quien no quiera servir, que no se presente.

También he hablado de justicia social. De la necesidad de garantizar una educación pública y de calidad, una sanidad accesible para todos, y un sistema económico abierto, con seguridad jurídica, que atraiga inversiones responsables que generen empleo y bienestar compartido. Queremos que los inversores se sientan protegidos por un marco legal transparente, y que su éxito vaya de la mano con el desarrollo de la comunidad que los acoge. Todos ganamos en un país donde la ley protege, no persigue; donde el mérito es premiado y la corrupción, castigada.
He dicho —y lo repetiré tantas veces como sea necesario— que el primer paso para la reconciliación es liberar a los presos políticos, permitir el regreso seguro de los exiliados, y reconocer el sufrimiento de un pueblo que ha sido maltratado durante demasiado tiempo.

Y en la entrevista de televisión programada para el próximo miércoles, como en todas, volveré a insistir en lo mismo: que el futuro está en nuestras manos. Que el cambio es posible. Que nadie lo hará por nosotros. Y que estamos preparados para asumir esa responsabilidad, con humildad, con firmeza y con amor por nuestra tierra.
Siempre he dicho y seguiré diciendo:
Llegó la hora del cambio. Es el tiempo de todos los guineanos.


