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Morir en Guinea Ecuatorial: el legado de Obiang es enfermedad y muerte

Por Redacción

13/08/2025

Por Juan Cuevas, Secretario de Formación  PPGE

Exilio Forzado del Partido del Progreso 13 de Agosto 2025.- En Guinea Ecuatorial, bajo la dictadura más longeva de África, la muerte no es una cuestión de azar: es política de Estado. Obiang Nguema, que ha dilapidado durante décadas las riquezas naturales del país en corrupción, lujos y pagos a lobbies extranjeros para prolongar su poder, ha dejado a su pueblo en manos de un sistema sanitario colapsado, desabastecido y letal.
Mientras él y su clan viajan a clínicas de Europa y Estados Unidos para recibir el mejor tratamiento, la mayoría de los guineanos muere por enfermedades que en cualquier otro lugar serían fácilmente tratables.

La malaria se ha convertido en una verdadera sentencia de muerte. En 2023 se registraron más de 1,4 millones de casos y más de 10 000 muertes en el país. La situación se agravó en enero de 2025, cuando Estados Unidos congeló la ayuda que sostenía las campañas de prevención y tratamiento. A esto se suma un aumento alarmante de medicamentos falsificados o de mala calidad, que favorecen la resistencia del parásito y dejan sin efecto los tratamientos. En la isla de Bioko, hasta dos tercios de las picaduras de mosquitos no se evitan con las medidas convencionales. La falta de seguimiento médico y de vigilancia epidemiológica ha atrapado a las comunidades en un círculo interminable de infección y muerte.

Sección de Maternidad del Hospital General de Malabo:camas deterioradas, escasa higiene y entorno hospitalario muy precario

No es solo la malaria. El país sufrió en 2023 un brote de fiebre hemorrágica de Marburgo que dejó 17 casos confirmados y 12 muertes, con una letalidad del 71%. Fue una advertencia de la fragilidad del sistema sanitario, pero el régimen no tomó medidas estructurales. Hoy, Guinea Ecuatorial cuenta con solo 3 médicos por cada 10 000 habitantes, la mayoría extranjeros, mientras muchos puestos sanitarios se entregan “a dedo” a personas sin formación. El resultado: enfermeras improvisadas que humillan a los pacientes, exigen dinero para acceder a atención y suministran medicamentos caducados.

Los hospitales públicos heredados de la época colonial han sido abandonados o convertidos en almacenes. Los dos centros bien equipados en Mongomo no sirven al pueblo: están destinados al uso exclusivo de la familia presidencial. En los hospitales comunes no hay camas suficientes, las camillas son reliquias coloniales, se reutilizan jeringuillas de grandes agujas, no existe higiene ni esterilización, y es habitual ver cadáveres amontonados en el suelo, como si la vida humana careciera de valor.

En la mayoría de los hospitales del país, las familias se ven obligadas a pagar sumas desorbitadas para poder retirar a sus muertos de la morgue, una extorsión inhumana que añade dolor y humillación al duelo. Y lo más lacerante de todo es que, a pesar de este panorama de muertes, muchos guineanos —incluso algunos presentadores desde España— se dirigen al dictador con extrema reverencia y servilismo, llegando incluso a querer exonerarle de toda responsabilidad, echándole la culpa a otros.

Durante la ponencia: proyecto sanitario para Guinea E. En la imagen (delantera derecha) el Dr. Nsue Eyen

En obstetricia, dar a luz es un suplicio: los cortes de electricidad matan a recién nacidos en incubadoras y la mortalidad infantil alcanza los 89 por cada 1 000 nacidos vivos, frente a menos de 3 en España.

En Guinea Ecuatorial, parir, sufrir una apendicitis o contraer malaria es jugarse la vida. Quienes pueden permitírselo viajan a España para tratarse incluso de dolencias menores; los demás, condenados a hospitales sin medicinas, sin material, sin médicos y sin esperanza. El dinero del petróleo, que podía haber convertido el sistema de salud en uno de los mejores de África, ha sido robado para financiar mansiones, fiestas privadas y contratos millonarios con bufetes y lobbies que defienden la imagen internacional del dictador.

Obiang Nguema ha convertido la salud pública en un instrumento de selección natural al servicio de su poder: los suyos viven, el resto se muere. Cada muerte por malaria, cada mujer que no sobrevive al parto, cada niño que no cumple un año, es la prueba más contundente de que este régimen no solo roba la libertad, sino también la vida.

Frente a esta tragedia, el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) se compromete a construir una sanidad pública gratuita, universal y de calidad, financiada con los recursos naturales que pertenecen a todos. Una sanidad donde ningún guineano muera por una enfermedad curable, donde las mujeres puedan dar a luz con seguridad y donde la vida humana vuelva a tener el valor que la dictadura le arrebató.

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