Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del PPGE
La figura de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial y la de Nicolás Maduro en Venezuela parecen, a primera vista, lejanas geográficamente, pero en realidad son espejos de un mismo modelo político: el de los regímenes autoritarios rentistas que han hecho del petróleo, la represión y la corrupción su base de poder. Ambos han construido sistemas cerrados donde las elecciones son meras puestas en escena para mantener un barniz de legitimidad, mientras en la práctica se persigue a opositores, se controla la prensa y se sofoca cualquier brote de disidencia. La propia usurpación de la presidencia por parte de Maduro, tras unas elecciones ganadas por Edmundo González Urrutia y rodeadas de denuncias de fraude, falta de transparencia y violencia contra manifestantes, recuerda inevitablemente al método de Obiang, instalado en el poder desde 1979 sin competencia real y con la sociedad civil estrangulada por la represión sistemática.
El paralelismo no se limita a lo político. Tanto Venezuela como Guinea Ecuatorial han sido economías moldeadas por el petróleo, un recurso que, lejos de servir para diversificar y modernizar, ha alimentado redes clientelares y ha permitido comprar lealtades a cambio de rentas. De ahí que ambos gobiernos hayan buscado refugio en alianzas energéticas como la OPEP y el Foro de Países Exportadores de Gas, espacios donde coordinan agendas y se protegen mutuamente de la presión internacional. Caracas y Malabo no sólo comparten foros, sino también gestos diplomáticos: en 2021 firmaron un acuerdo de confidencialidad en hidrocarburos, y en 2024 el régimen de Obiang felicitó públicamente a Maduro por su cuestionada reelección, evidenciando una sintonía que va más allá de lo protocolario.

El éxodo masivo de venezolanos, recuerda la tragedia del exilio guineano
El aislamiento internacional ha empujado a ambos a buscar aliados en esquinas cada vez más oscuras. Venezuela carga con acusaciones formales de narcotráfico por parte del Departamento de Justicia de EE. UU., que señala directamente a Maduro y al Estado como plataforma del tráfico de cocaína hacia Europa y África. En paralelo, el Golfo de Guinea, donde se encuentra Guinea Ecuatorial, se ha convertido en una de las rutas más importantes de entrada de la droga venezolana hacia el continente europeo. Grandes incautaciones en 2024 y 2025 confirman que la presión sobre las rutas del Caribe está desplazando el negocio hacia África Occidental. La combinación es explosiva: un régimen venezolano señalado por narcotráfico y un régimen guineano debilitado por corrupción endémica y falta de instituciones sólidas. El resultado es un escenario donde la connivencia frente a estas redes es muy probable y altamente peligrosa.
Existe un hecho innegable: Guinea Ecuatorial, bajo la dictadura de Obiang, ofrece las condiciones perfectas para que el crimen organizado se instale: puertos mal controlados, un Estado capturado por una élite sancionada internacionalmente y un aparato judicial que funciona a la medida del poder. La vulnerabilidad no es casual, sino consecuencia directa de décadas de patrimonialismo y corrupción. Y esa vulnerabilidad, en un país estratégico del Golfo de Guinea, no sólo afecta a los ecuatoguineanos, sino a toda la seguridad de la región atlántica.

Exilio guineano: homenaje a los guineanos asesinados por Obiang
La crisis venezolana, marcada por el totalitarismo, la pobreza extrema y el éxodo masivo, refleja lo que Guinea Ecuatorial sigue siendo tras 57 años de dictaduras. Esperemos que, a partir de ahora, nuestro país esté más en el punto de mira internacional.
Maduro es ya un cadáver político, aunque todavía intente sostenerse gracias a las rentas del crudo, la represión, el narcotráfico y la cobertura que le prestan sus socios regionales. Obiang, con más de cuatro décadas en el poder, parece seguir la misma suerte que Maduro, a pesar de sus alianzas con regímenes totalitarios como Rusia, China, Cuba o Turquía, la opacidad en la gestión del petróleo, la represión de la oposición y su creciente aislamiento de Occidente. Cuando caigan los apoyos de Maduro, sabremos también la conexión de estos con Guinea. Esos mismos actores internacionales que hoy apuntalan al régimen venezolano, sostienen en paralelo la estructura autoritaria de Obiang, trazando un mapa de complicidades que abarca desde La Habana hasta Moscú, pasando por Pekín y Ankara.

Armengol Engonga y Antonio Ledezma (cara visible del exilio Venezolano)
Frente a este panorama sombrío, el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE), liderado por Armengol Engonga, plantea una alternativa clara ante la comunidad internacional: una transición democrática y ordenada, que ponga fin a décadas de represión y abra paso a un país con instituciones sólidas, transparencia en la gestión del petróleo y respeto pleno a los derechos humanos. El PPGE defiende un modelo de Guinea Ecuatorial integrada en Occidente, abierta al libre comercio, con separación real de poderes, elecciones libres y un Estado de derecho que sustituya al actual régimen patrimonialista. No se trata solo de acabar con una dictadura, sino de construir un nuevo contrato social que devuelva la soberanía al pueblo, libere las energías productivas del país y garantice que nunca más el petróleo sea usado para sostener la represión y la corrupción.
En este esfuerzo, el presidente Armengol Engonga mantiene un contacto permanente con los líderes de la oposición venezolana en España, compartiendo experiencias de resistencia frente a regímenes autoritarios y trazando puentes de cooperación para que, tanto Venezuela como Guinea Ecuatorial, puedan recuperar la senda de la libertad y la democracia.


