Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Los guineanos llevamos meses observando, con más atención que nunca, los últimos movimientos del dictador Teodoro Obiang Nguema. Su repentina reaparición pública con un viaje no oficial al Vaticano —acompañado de gran parte de su familia— dejó atónito a todo el país. Una audiencia privada y fugaz con Su Santidad el Papa León XIV que muchos interpretaron como el último intento de un hombre vencido por el tiempo y por su conciencia, buscando quizás redención en el ocaso de su vida.

Pero lejos de mostrar arrepentimiento verdadero, lo que vimos fue otra operación desesperada de lavado de imagen. El régimen está acorralado: Europa, Estados Unidos, Reino Unido y la comunidad internacional en su conjunto le han cerrado las puertas. Las sanciones, el congelamiento de bienes, la negativa de visados y el aislamiento diplomático absoluto son el reflejo del rechazo que suscita una dictadura que lleva 45 años violando derechos humanos, saqueando el país y sembrando miedo.
Hay un refrán castellano que dice: «Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta». Se lo aplico sin titubeos al dictador: no es cuestión de educación, ni de cultura, ni de estrategia política. Es cuestión de conciencia, de valores, de humanidad. Y eso, ni se compra ni se improvisa.

Mientras tanto, en Malabo, en Bata y en cada rincón del país, los ciudadanos son testigos de un colapso total: el régimen ya no puede ocultar su incapacidad para dar respuestas mínimas a los problemas sociales, económicos y sanitarios. La corrupción es galopante. La inseguridad, creciente. El descontento, generalizado. La dictadura se ha convertido en una maquinaria inútil que sólo sirve para preservar los privilegios de una élite agotada y decadente.
Los rumores de sucesión son una ofensa a la inteligencia del pueblo guineano. ¿En serio pretenden que creamos que Teodorín, símbolo del despilfarro, la ineptitud y la frivolidad, puede ser el futuro de esta nación? Eso no es una transición: es un insulto.

La situación es tan crítica que incluso instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional llevan meses intentando visitar el país sin éxito, para evaluar el cumplimiento de las mínimas condiciones de transparencia. El BANGE, fundado en 2006 con capital europeo, atraviesa una grave crisis de solvencia. ¿La razón? La misma de siempre: el expolio sistemático por parte de la familia presidencial y su círculo de allegados. Es un banco secuestrado por la corrupción.

Ante este panorama, sólo queda una salida: el cambio.
Un cambio que no llegará por inercia. Un cambio que necesita de todos nosotros.
Lo repito siempre: los pueblos tienen los gobiernos que toleran. Si la ciudadanía se mantiene indiferente, si le da igual quién gobierne o cómo se gobierne, si no exige ni participa… entonces corre el riesgo de ser dominada por los más violentos, corruptos y cínicos. No podemos seguir permitiéndolo.
El Partido del Progreso propone una transición hacia una democracia auténtica, basada en principios liberales, conservadores y sociales:
- Con instituciones fuertes que garanticen justicia y seguridad.
- Con una economía de mercado transparente, en la que se proteja al emprendedor y se premie el esfuerzo.
- Con inversión en educación y salud pública, como motores de un desarrollo real.
- Con un país donde los inversores se sientan seguros y bienvenidos, no extorsionados.

Este cambio no será obra de una persona sola. Será el fruto de una ciudadanía consciente, valiente y participativa. Por eso hoy quiero hacer un llamamiento especial a los jóvenes y a las mujeres de Guinea Ecuatorial. Vosotros sois la fuerza imparable del futuro. Queréis emprender, innovar, formar familias, contribuir al desarrollo de vuestra tierra. ¡No os resignéis! ¡No os dejéis silenciar!
Desde el exilio, seguimos trabajando incansablemente por el bien de nuestra patria. Nuestra lucha es legítima, nuestras propuestas son sólidas, y la esperanza está viva. Somos muchos. Y seremos más.
Por eso os invito a manteneros informados y comprometidos, a través de nuestra página El Confidencial de Guinea Ecuatorial, que cada semana aporta información rigurosa sobre la realidad del país y los avances del movimiento democrático.
Guinea Ecuatorial no está condenada al fracaso. Está llamada a renacer.
¡Un gran abrazo fraternal, y adelante siempre!


