De la Redaccion
Hay consensos silenciosos que definen el futuro de un país. En Guinea Ecuatorial, uno de ellos es tan evidente como inquietante: nadie quiere a Teodorín
No lo quiere el pueblo, que vive atrapado entre el miedo y la resignación. No lo quieren tampoco muchos de los propios pilares del régimen que sostiene su padre, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, conscientes de que su figura no garantiza estabilidad, sino todo lo contrario. Tampoco lo ven con buenos ojos los países vecinos ni las potencias con intereses en la región. Su único respaldo internacional real proviene de actores sin escrúpulos democráticos, como Rusia y China, cuya prioridad no es la libertad del pueblo guineano, sino la consolidación de su influencia estratégica.

Mientras tanto, dentro del país, el miedo crece. La posible desaparición del actual presidente no se percibe como una oportunidad de apertura, sino como el inicio de una peligrosa incertidumbre. Muchos guineanos temen que la sucesión desemboque en un conflicto interno. No es una hipótesis exagerada: en Guinea coexisten, de facto, varios centros de poder militar, leales a diferentes figuras del régimen, lo que dibuja un escenario explosivo.
En este contexto, el papel de Constancia Mangue Nsue Okomo resulta clave. Sus recientes movimientos internacionales, incluyendo viajes estratégicos a Estados Unidos, buscan allanar el camino para la aceptación de su hijo como sucesor. A ello se suma la organización de la XI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de los Estados de África, el Caribe y el Pacífico, un evento que terminó siendo un fracaso diplomático y cuyo objetivo real no era otro que blanquear la imagen del régimen y legitimar una sucesión dinástica.

Pero el problema de fondo persiste: ni el pueblo ni buena parte de quienes sostienen el sistema quieren a Teodorín.
Resulta especialmente preocupante que partidos afines al Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, junto con otros actores, estén promoviendo una supuesta “transición” que no es más que una operación cosmética. Un intento de perpetuar a la familia Obiang en el poder bajo una apariencia de cambio que no engaña a nadie.
Frente a esta maniobra, la propuesta del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial, liderado por Armengol Engonga, plantea una alternativa clara: una ruptura total con el régimen actual, la salida de la familia Obiang del poder y el inicio de una transición real hacia la democracia. Un proceso que incluya a todas las fuerzas políticas democráticas y que culmine en elecciones libres, transparentes y supervisadas por la comunidad internacional.

Porque lo que está en juego no es solo una sucesión, sino el futuro mismo del país.
Desde el interior de Guinea, la realidad se vive con crudeza. Un opositor lo resume así: “Aquí todo es demasiado duro. Nadie tiene derecho a prosperar fuera del círculo del poder. Si no estás en el PDGE, no puedes emprender, no puedes trabajar dignamente, no puedes aspirar a nada. Todo está controlado y repartido”.
Ese testimonio no es una excepción, es la norma.
Guinea Ecuatorial se encuentra ante una encrucijada histórica. La continuidad del modelo actual, especialmente bajo el liderazgo de Teodorín, no ofrece estabilidad ni progreso, sino más represión, más desigualdad y un riesgo real de conflicto.
El cambio no puede ser una simulación. Debe ser una ruptura.
Y, sobre todo, debe responder a una realidad que el régimen se niega a aceptar: nadie quiere a Teodorín.