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LA SOMBRA DEL HAMBRE Y EL RETO DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA EN GUINEA ECUATORIAL

Por Redacción

24/03/2026

Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del PPGE
En Guinea Ecuatorial, la imagen de personas rebuscando alimentos entre residuos ha dejado de ser algo excepcional para convertirse en un síntoma cada vez más visible de una crisis profunda. A esta realidad se suma la incapacidad de muchas familias para acceder a una alimentación digna, incluso en fechas tradicionalmente señaladas, debido al encarecimiento descontrolado de los productos básicos. No estamos ante una situación puntual, sino ante el resultado de un modelo económico que ha favorecido a una minoría privilegiada mientras ha dejado al resto de la población en una situación de vulnerabilidad creciente.
El contexto internacional, ya tensionado por conflictos como la guerra en Ucrania y otras crisis previas, ha venido impulsando el aumento del precio de la energía y las disrupciones en las cadenas de suministro, agravando la crisis alimentaria a nivel global. A este escenario se suma ahora la guerra en Irán, que previsiblemente intensificará aún más estas presiones en los próximos meses.
Sin embargo, en un país que depende casi por completo de las importaciones para alimentarse, el impacto es mucho más severo. Guinea Ecuatorial se encuentra a merced de los precios internacionales, de los costes del transporte y de dinámicas especulativas que encarecen aún más los alimentos. A ello se suma el acaparamiento por parte de las élites económicas, que pueden asumir los altos precios sin dificultad, expulsando del mercado a las familias con menos recursos y convirtiendo el acceso a la comida en un privilegio.
El país carece de una estructura propia de producción, transformación y distribución de alimentos. No existe una red logística eficaz, ni infraestructuras adecuadas de conservación, ni un sistema de mercado interno que proteja al consumidor. Esta debilidad estructural ha permitido la entrada masiva de productos importados de baja calidad, en ocasiones en condiciones cuestionables, mientras los precios continúan subiendo sin control. El abandono del sector agrario, pesquero y ganadero durante décadas ha dejado al país sin capacidad de respuesta ante una crisis que no hará más que intensificarse.
Evitar un escenario de colapso alimentario exige una transformación profunda del modelo productivo. En el programa de gobierno del PPGE está contemplada una reforma agraria ambiciosa que permita recuperar su capacidad de producir alimentos y reducir su dependencia exterior. Para ello es imprescindible una ordenación previa del territorio que identifique y organice las tierras con potencial agrícola, estableciendo un marco claro y seguro para su aprovechamiento. Sobre esta base, el país debe aspirar a poner en producción una superficie cercana a las 200.000 hectáreas, suficiente para garantizar un nivel básico de autosuficiencia.
Esta transformación pasa necesariamente por recuperar las tierras abandonadas y reintegrarlas en el circuito productivo, así como por devolver a sus legítimos propietarios aquellas tierras que han sido usurpadas por la dictadura a opositores y ciudadanos. Sin seguridad jurídica sobre la tierra, no habrá inversión, ni estabilidad, ni futuro para el campo guineano. Al mismo tiempo, es fundamental facilitar el acceso a la tierra a nuevos productores, especialmente jóvenes, que estén dispuestos a emprender en el sector agrario.
El papel de los jóvenes es clave en este proceso. Guinea Ecuatorial necesita una nueva generación de agricultores formados, capaces de incorporar tecnología, mejorar los rendimientos y desarrollar explotaciones sostenibles. Para ello, el Estado debe ofrecer facilidades reales: acceso a financiación asequible, apoyo técnico, formación especializada e infraestructuras básicas que permitan producir y comercializar en condiciones dignas. No se trata de volver a modelos del pasado, sino de construir un sector moderno, competitivo y adaptado a los desafíos actuales.
Junto a esta estrategia de producción a gran escala, es igualmente importante recuperar y fomentar la cultura del huerto familiar como base de una alimentación accesible y saludable. El autoconsumo debe ser entendido como una herramienta esencial de resiliencia social. En un contexto de crisis global, ya sea económica o climática, disponer de una red extendida de producción doméstica puede convertirse en la principal garantía de subsistencia para miles de familias. La capacidad de producir alimentos para uno mismo no es un retroceso, sino una forma inteligente de reducir la vulnerabilidad.
La seguridad alimentaria del país debe apoyarse, además, en un desarrollo equilibrado de la agricultura, la ganadería —especialmente el sector avícola—, y la pesca, tanto artesanal como industrial, acompañado de una red logística eficiente que incluya sistemas de almacenamiento y cadena de frío. Solo así será posible construir un sistema alimentario sólido, capaz de abastecer al país y resistir las tensiones externas.
Sin embargo, ninguna de estas medidas podrá materializarse sin un cambio profundo en la estructura política. La situación actual no es fruto del azar, sino consecuencia directa de décadas de abandono, corrupción y falta de visión estratégica. Si durante los años de bonanza económica no se invirtió en garantizar la seguridad alimentaria, resulta evidente que el modelo vigente ha fracasado. Guinea Ecuatorial necesita instituciones al servicio del interés general, un Estado de derecho y una administración capaz de impulsar una verdadera transformación productiva.
La amenaza del hambre ya no es una advertencia lejana, sino una realidad que se abre paso en la vida cotidiana de la población. Pero también es una llamada de atención y una oportunidad para reconstruir el país sobre bases más justas y sostenibles.
Apostar por la tierra, por sus agricultores y por la capacidad de producir alimentos propios no es solo una decisión económica, sino una cuestión de dignidad y de supervivencia nacional.

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