Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas,
Los acontecimientos de las últimas semanas en Guinea Ecuatorial han dejado una imagen que pocos habrían imaginado hace algunos años.
La dimisión en bloque del Gobierno encabezado por Manuel Osa Nsue, seguida pocos días después por la reelección del mismo primer ministro para continuar al frente del Ejecutivo, ha generado sorpresa, desconcierto y numerosas preguntas dentro y fuera de nuestro país.
Más allá de las personas concretas, esta situación pone de manifiesto una realidad que muchos guineanos conocen desde hace tiempo:
el verdadero problema ya no es un Gobierno.
el verdadero problema es el sistema, la desagradable, inútil y asfixiante dictadura.
Durante décadas, cada vez que ha surgido una crisis, se han cambiado ministros, se han removido supuestos equipos o se han buscado nuevos responsables.
Sin embargo, los problemas fundamentales siguen siendo los mismos y lejos de mejorar se vuelven cada vez más complejos y alejados de una solución.
Así, la sanidad continúa sin responder a las necesidades más básicas de la población.
La educación sigue paralizada, necesitando reformas profundas.
La juventud encuentra enormes dificultades para desarrollar su talento y construir un futuro en su propia tierra.
La economía permanece dependiente de unos recursos que no se han transformado en bienestar para la mayoría de los guineanos.
Y mientras tanto, la corrupción continúa siendo uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de Guinea Ecuatorial.
No es una opinión.
Es una realidad que afecta cada día a miles de familias.
Porque cuando la transparencia desaparece, los recursos públicos dejan de servir al interés general.
Y cuando los recursos dejan de servir al pueblo, no hay progreso.

Las advertencias que nadie quiso escuchar
Queridos compatriotas,
Durante años, organismos internacionales, instituciones económicas y expertos de todo el mundo han señalado cuáles son los desafíos que Guinea Ecuatorial debe afrontar.
Las recomendaciones han sido claras:
Diversificar la economía.
Impulsar la agricultura, la pesca y la ganadería.
Garantizar la seguridad jurídica para atraer inversiones.
Fortalecer las instituciones.
Tomarse en serio la educación.
Llevar la sanidad a los que la necesitan.
Profesionalizar la administración pública.
Y asegurar una gestión transparente de los recursos nacionales.
Son recomendaciones de sentido común.
No pertenecen a ninguna ideología.
Pertenecen, sencillamente, al terreno de la buena gestión.
Y, sin embargo, durante demasiado tiempo se han despreciado todas las reformas necesarias.
El resultado es una economía que avanza por debajo de sus posibilidades y una sociedad que observa con preocupación cómo pasan los años sin que se resuelvan problemas esenciales.
El diagnóstico que nadie puede ignorar
Queridos compatriotas,
Existe una institución internacional que conoce profundamente la realidad económica de Guinea Ecuatorial.
Una institución que durante años ha acompañado a nuestro país mediante programas de asistencia, financiación, créditos y asesoramiento económico.
Me refiero al Fondo Monetario Internacional.
Y las conclusiones de sus informes más recientes son profundamente preocupantes.
El FMI lleva años insistiendo en la necesidad de acometer reformas estructurales que permitan recuperar la confianza, diversificar la economía y garantizar un crecimiento sostenible.
Entre sus principales recomendaciones destacan:
- una gestión transparente de los ingresos procedentes de los hidrocarburos;
- la diversificación de la economía hacia sectores productivos como la agricultura, la pesca y la ganadería;
- el fortalecimiento de las instituciones públicas;
- la mejora de la educación y la sanidad;
- la creación de un marco jurídico fiable para atraer inversiones;
- y una administración pública más eficaz y profesional.
No son propuestas ideológicas.
Son medidas de sentido común para cualquier país que aspire al progreso.
Sin embargo, durante demasiado tiempo estas recomendaciones han sido ignoradas o aplicadas de forma muy deficiente.
El resultado es una economía cada vez más vulnerable y una deuda pública que ya representa aproximadamente el 40% del Producto Interior Bruto nacional.
Una cifra que limita la capacidad de inversión futura y que termina afectando directamente a las oportunidades de las próximas generaciones.
Por eso resulta imprescindible reconocer una realidad incómoda:
Guinea Ecuatorial no necesita más ineficacia.
Necesita reformas.
Necesita confianza.
Necesita credibilidad.
Y necesita un proyecto nacional capaz de transformar nuestros recursos en prosperidad para todos los ciudadanos.

Un régimen cada vez más aislado
Desde el punto de vista político, también es evidente que Guinea Ecuatorial atraviesa una etapa compleja.
El aislamiento internacional del régimen es cada vez más visible.
La comunidad internacional observa con preocupación la falta de avances democráticos y la ausencia de reformas profundas que permitan abrir una nueva etapa para el país.
Y lo más importante es que cada vez son más quienes entienden que la estabilidad futura de Guinea Ecuatorial dependerá de una transición política ordenada, responsable y basada en instituciones sólidas.
No se trata de generar incertidumbre.
Se trata precisamente de evitarla.
Porque los países progresan cuando son capaces de planificar el futuro.
Y el futuro no puede construirse ignorando la realidad.

El momento de pensar en Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas,
Después de más de cuatro décadas de poder, ha llegado el momento de preguntarnos qué país queremos dejar a las próximas generaciones.
No podemos cambiar el pasado.
Pero sí podemos decidir el futuro.
Podemos elegir entre continuar por un camino que se ha mostrado injusto e ineficaz o abrir una nueva etapa basada en la transparencia, la responsabilidad, la justicia y la participación de todos los guineanos.
Desde el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial seguimos trabajando para este objetivo.
Seguimos defendiendo una transición democrática y pacífica.
Seguimos apostando por un Gobierno de Unidad Nacional capaz de unir a los guineanos y reconstruir la confianza en nuestras instituciones.
Seguimos trabajando para el retorno en libertad de los exiliados.
Y seguimos convencidos de que Guinea Ecuatorial posee todo lo necesario para convertirse en un país próspero, respetado y plenamente democrático.
Porque nuestro pueblo tiene talento.
Tiene recursos.
Tiene capacidad.
Y tiene derecho a un futuro mejor.

La diferencia está en el proyecto de país
Queridos compatriotas,
La transición política no puede ser un fin en sí mismo.
La democracia no es solamente votar.
La democracia fundamentalmente debe servir para mejorar la vida de las personas.
Por eso, cuando hablamos del futuro de Guinea Ecuatorial, no hablamos únicamente de sustituir un régimen por otro.
Hablamos de construir un proyecto nacional capaz de devolver la esperanza a nuestro pueblo.
Porque una de las grandes tragedias de estos últimos años ha sido la ausencia de una visión de futuro.
Mientras otros países avanzaban, innovaban y preparaban a sus jóvenes para competir en un mundo cada vez más exigente, Guinea Ecuatorial ha permanecido atrapada en un modelo primitivo y radicalmente injusto.
Pero tampoco podemos permitir que el futuro se construya sobre recetas fracasadas, ideologías rígidas o modelos económicos que han demostrado sus limitaciones en otras partes del mundo.
Nuestro país necesita pragmatismo.
Necesita modernidad.
Necesita instituciones abiertas.
Necesita atraer talento, inversión y oportunidades.
Necesita premiar el esfuerzo, el mérito y la capacidad.
El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial cree en una sociedad abierta, moderna y poco dogmática.
Creemos en una economía capaz de generar riqueza y empleo.
Creemos en una educación de excelencia.
Creemos en una sanidad digna.
Creemos en unas instituciones que sirvan al ciudadano y no al poder.
Y creemos, sobre todo, en una Guinea Ecuatorial donde todos tengan cabida.
Los que viven dentro del país.
Los que tuvieron que marcharse.
Los jóvenes que buscan oportunidades.
Los mayores que han esperado durante décadas un cambio.
Porque la nueva Guinea Ecuatorial no debe construirse para unos pocos. No podemos dejar a nadie atrás.
Debe construirse para todos.
Ese es nuestro compromiso.
Y esa es la diferencia entre administrar el presente y preparar el futuro.

Compatriotas,
Después de cuarenta y siete años en el poder, Teodoro Obiang no puede presentarse como la solución a los problemas de Guinea Ecuatorial, entre otras cosas porque esos problemas se han creado precisamente durante sus cuarenta y siete años de dictadura.
Después de tantos años de dificultades, no debemos perder la esperanza.
La autoridad moral para conducir una nueva etapa no nace de la permanencia en el poder. Nace de la capacidad de ofrecer un futuro mejor al pueblo.
Los pueblos que creen en sí mismos terminan encontrando su camino.
Y estoy convencido de que el nuestro está cada vez más cerca.
Lo bueno está por llegar.
Un abrazo fraternal,
Armengol Engonga Ondo
Presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


