Editorial
Desde Guinea Ecuatorial: «vivimos en un país donde educarse es un privilegio, y enfermar es una sentencia de muerte».
La actualidad de Guinea Ecuatorial es cada vez más desgarradora. No solo por lo que ocurre, sino por lo que no se dice. Mientras el régimen profundiza su alianza con fuerzas extranjeras —hoy con mercenarios rusos que realizan ejercicios de tiro en suelo nacional—, el pueblo se hunde en un sufrimiento que no puede seguir silenciándose: el del hambre, la enfermedad, la exclusión y la desesperanza.
En los hospitales de todo el país, el VIH/SIDA se ha convertido en una condena sin recursos. Las víctimas del virus, y sus familias, lloran en silencio ante la falta total de retrovirales, medicamentos esenciales que detienen la evolución del virus y permiten una vida digna. Ayer mismo, un ciudadano, con la voz quebrada por la impotencia, me decía que teme perder a su suegra: lleva seis meses sin recibir tratamiento, como miles de guineanos más.
Este crimen por omisión no es un simple fallo de gestión. Es el resultado directo de un Estado que decidió invertir en armas, viajes, propaganda y lujos, en lugar de proteger la salud de su pueblo. Mientras los poderosos se atienden en clínicas privadas de Europa o Marruecos, aquí la gente muere por falta de lo más básico. Y el régimen calla.

Pero la enfermedad no es el único síntoma del colapso. El nuevo curso escolar 2025-2026 se acerca, y las matrículas ya están abiertas, pero miles de familias ni siquiera han podido pagar la del año anterior. ¿Cómo hacerlo si los salarios siguen siendo miserables, si la mayoría de los padres no tienen empleo, y si el Estado ha convertido la educación en una trampa para los pobres?
A esto se suma una práctica política abiertamente criminal: los despidos arbitrarios, los asesinatos encubiertos y las purgas internas ordenadas desde las altas esferas, como método de ascenso o mantenimiento del poder. Las vidas humanas han sido reducidas a obstáculos o peones sacrificables.
¿Y las mujeres? La desesperación ha roto todos los límites. Las jóvenes ya no se inmutan al prostituirse. No porque lo elijan, sino porque el sistema las ha empujado a ese punto: sin trabajo, sin estudios, sin esperanza, sin protección.

Una imagen demasiado frecuente en toda Guinea
El régimen de los Obiang ha destruido no solo la economía del país, sino también su tejido moral. Ha institucionalizado la miseria, ha normalizado la corrupción, y ha hecho de la injusticia un modo de gobierno.
Pero frente a esta decadencia impuesta, el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) plantea una alternativa clara, firme y urgente:
Una sanidad pública, gratuita y universal, con medicamentos disponibles en todo el país, con hospitales funcionales y dignos, y con profesionales bien formados y pagados.

Madrid 5 de Febrero 2022. Jornada de trabajo de la directiva del PPGE sobre «Propuestas para la transformación sanitaria en Guinea Ecuatorial»
Una educación gratuita en todos los niveles, sin matrículas abusivas, sin discriminación, con centros bien equipados y maestros con vocación y salario justo.
Y sobre todo, una nueva mentalidad de gobierno, donde el dinero no se malgaste en desfiles, aviones privados o lujos personales, sino que se invierta en el bien común: en salvar vidas, en formar ciudadanos y en construir un futuro para todos.
Guinea Ecuatorial no necesita más discursos vacíos. Necesita justicia social, dignidad humana y gobernantes que sirvan al pueblo, no que lo exploten.
Así lo pensamos. Así lo decimos. Y así lo vamos a defender.


