Por Armengol Engonga Ondo, Presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Cuando los líderes políticos guineanos, tanto en el interior como en el exilio, hacemos una reflexión serena sobre la catastrófica situación de nuestro país, desde todos los ángulos —especialmente el político—, llegamos todos a una conclusión clara e inequívoca: Teodoro Obiang Nguema ha sido la peor decisión que ha marcado nuestro destino nacional. Ha sido el hombre equivocado desde el principio, incapaz de liderar con visión y compasión y, sobre todo, ha sido una mala persona. Su única motivación ha sido el enriquecimiento personal y familiar, a costa del sufrimiento de una gran mayoría de guineanos.

Durante más de cuatro décadas, Obiang ha dirigido Guinea Ecuatorial con mano de hierro, dividiendo a la sociedad entre privilegiados, marginados y parias. Ha sembrado el odio, la desconfianza y la represión. Ha convertido las instituciones en herramientas de saqueo. Y ha destruido sistemáticamente cualquier atisbo de moral pública. Ha vaciado el país de talento, persiguiendo a profesionales e intelectuales, mientras colocaba a personas sin formación ni preparación en los puestos de mayor responsabilidad, solo por su lealtad ciega al régimen.

Hoy, Guinea Ecuatorial es una nación sin ley, sin justicia, sin oportunidades. La inseguridad jurídica ha ahuyentado a los inversores. No hay actividad económica real, ni empleo, ni futuro para nuestros jóvenes. Los recursos nacionales, en lugar de estar al servicio del pueblo, son utilizados para pagar mercenarios extranjeros —ugandeses, bielorrusos, rusos, chechenos— cuyo único cometido es proteger al dictador y a su familia. Más de la mitad del presupuesto nacional se va en mantener ese aparato represivo, mientras nuestras escuelas, hospitales y servicios básicos colapsan por falta de inversión.
Estamos ante el desplome total de un sistema que ya no se sostiene. Incluso Obiang empieza a ser mínimamente consciente de su fragilidad, de su enfermedad y del aislamiento internacional que lo rodea. Tiene activos congelados en todo el mundo. Su poder ya no es respetado, ni temido. Es una figura decadente que representa el final de una era.

Y es precisamente en este punto crítico de nuestra historia cuando debemos alzar la voz con firmeza y determinación para proclamar que la democracia es la única salida posible para Guinea Ecuatorial. No hay otra alternativa viable. La democracia es el camino que nos llevará a reconstruir el país, a garantizar derechos, a recuperar la esperanza, a dignificar la vida de cada ciudadano.
Frente al despotismo, la democracia ofrece justicia.
Frente a la corrupción, ofrece transparencia.
Frente a la violencia, ofrece paz.
Frente al clientelismo, ofrece igualdad de oportunidades.
Frente al miedo, ofrece libertad.

La democracia no es solo un ideal. Es una necesidad vital para la supervivencia y el renacer de Guinea Ecuatorial.
Muchos ojos nos observan desde el exterior, dispuestos a apoyar nuestro proceso de transición. Pero solo nos ayudarán si ven que nosotros, los guineanos, estamos decididos a darlo todo, a dejarnos la piel, a liderar con valentía y compromiso el cambio que anhelamos. Es nuestra responsabilidad dejar a nuestros hijos un país del que puedan sentirse orgullosos. Un país en paz, donde el mérito, la educación y el trabajo duro sean reconocidos. Un país donde nadie tenga que huir ni esconderse por pensar distinto.

El exilio guineano está listo para regresar, para aportar su experiencia, su talento y su energía a este proceso histórico. La dictadura ha caducado. El cortijo familiar de los Obiang tiene que cerrarse para siempre. Ha llegado la hora del pueblo.
Compatriotas, estamos comprometidos con este cambio político. Luchamos con vosotros y para vosotros. Luchamos por la libertad, la armonía, la justicia, el desarrollo y, sobre todo, por la democracia.
Guinea Ecuatorial tiene derecho a un nuevo comienzo. Y nosotros, sus hijos e hijas, vamos a hacerlo realidad.
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


