Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Guinea Ecuatorial atraviesa un momento oscuro en el que la fe —uno de los pilares más sagrados del ser humano— está siendo pervertida y manipulada con fines políticos, económicos y personales. Asistimos al auge de una preocupante ola de autodenominados profetas y pastores que, lejos de predicar el amor al prójimo o la justicia, han hecho de la religión una plataforma de poder, control y enriquecimiento.
Estos personajes, promovidos en muchos casos por el propio régimen de Obiang, han sido una herramienta deliberada de división y manipulación del pueblo guineano. Mientras Macías destruía las iglesias y las convertía en graneros, Obiang ha sido mucho más taimado: ha impulsado la creación de falsas iglesias y sectas, con supuestos pastores que predican obediencia ciega al dictador, prometen milagros a cambio de dinero, y se infiltran donde más daño pueden hacer: en el corazón de nuestras comunidades.
No hablamos sólo de púlpitos y templos. El fenómeno ha evolucionado con los tiempos. Hoy, estos falsos profetas también se infiltran en los espacios digitales donde la resistencia política y social se organiza. En grupos de WhatsApp de la oposición, estos individuos se presentan como líderes espirituales, portadores de “mensajes divinos” o supuestos visionarios. Pero su función real es clara: sembrar desconfianza, enfrentar a los compañeros, dividir al exilio, generar paranoia y desviar la atención de la verdadera lucha contra la tiranía. Dicen hablar en nombre de Dios, pero solo sirven a sus intereses, o lo que es peor, a la dictadura.

El método es tan sutil como efectivo: se aprovechan de la buena fe de nuestros compatriotas, de su necesidad de consuelo y guía en medio de la represión, y los conducen por caminos de fanatismo, superstición y sumisión. Lo que debería ser un espacio de esperanza se convierte en un mercado de favores espirituales, bendiciones condicionadas y manipulaciones grotescas. No hay milagros, solo estafas. No hay revelación divina, solo estrategia política al servicio sus intereses, a veces inconfesables, o del poder.
Uno de los casos más escandalosos fue el de un predicador en Gabón que, tras ganarse la confianza de una mujer humilde, desapareció con una fuerte suma de dinero. Este ejemplo no es la excepción: es el síntoma de una enfermedad que está devorando la conciencia colectiva de nuestros pueblos.

Con un programa político consistente, un buen equipo de trabajo y el firme deseo de construir una democracia, ganaremos esta batalla
Desde el Partido del Progreso denunciamos con firmeza esta instrumentalización de la fe. No estamos contra la religión ni contra los líderes espirituales honestos. Todo lo contrario: la fe verdadera es un motor de esperanza, un refugio en tiempos de oscuridad. Pero precisamente por eso, no podemos permitir que sea prostituida por quienes usan el nombre de Dios como excusa para saquear, controlar y dividir.
La lucha contra la dictadura de Obiang no puede permitirse más distracciones ni más infiltraciones disfrazadas de espiritualidad. Nuestra causa exige claridad, integridad y compromiso con la verdad. No podemos permitir que los falsos profetas conviertan nuestra resistencia en otro púlpito para su teatro.
La política y la religión pueden convivir, pero no deben confundirse. Cuando lo hacen, la fe se pervierte y la política se contamina. La Guinea Ecuatorial que queremos construir se basa en la libertad, la justicia y el respeto: también en el respeto a la espiritualidad verdadera, limpia, sin trampas ni manipulaciones.


