Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas,
Desde la distancia del exilio seguimos observando cómo la dictadura familiar de Teodoro Obiang Nguema entra lentamente en una fase de desgaste irreversible.
Las noticias que llegan desde Guinea Ecuatorial hablan por sí solas: divisiones internas, luchas de poder dentro de la propia familia presidencial, nerviosismo, desconfianza y una evidente sensación de final de ciclo.
Cuando un régimen empieza a pelear consigo mismo, es porque ha dejado de creer en su propia estabilidad.
Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en nuestro país.
Mientras el pueblo sufre décadas de pobreza, miedo y falta de oportunidades, quienes han gobernado Guinea Ecuatorial como si fuera una propiedad privada comienzan a mostrar señales claras de agotamiento político y moral.
El régimen de Malabo ya no transmite fortaleza.
Transmite ansiedad.
Ansiedad porque saben que el tiempo ha cambiado.
Ansiedad porque la comunidad internacional observa cada vez más de cerca.
Ansiedad porque el pueblo empieza a perder el miedo.
Ansiedad porque el futuro ya no les pertenece exclusivamente a ellos.
Y aunque durante años intentaron convencernos de que eran eternos, la historia siempre termina recordando una verdad sencilla:
ningún poder construido sobre el miedo dura para siempre.

El debate que demuestra que el cambio se acerca
Queridos compatriotas,
He recibido muchas muestras de apoyo tras anunciar mi disposición a asumir la responsabilidad de dirigir un futuro Gobierno de Unidad Nacional durante la transición política.
Y sinceramente lo agradezco.
También han surgido dudas, críticas y debates sobre mi persona. Y eso es normal. Incluso es saludable en una sociedad que aspira a vivir algún día en democracia.
Algunos dicen que llevo demasiado tiempo en España.
Otros cuestionan que ya no hable suficientemente mi lengua materna, el fang.
Pero permitidme deciros algo con serenidad y claridad:
el verdadero amor a un país no se mide por el lugar donde uno vive, sino por lo que uno ha hecho por ese país a lo largo de su vida.
Yo llegué a España con apenas 17 años, con una beca para estudiar Formación Profesional. Todo lo demás me lo gané trabajando.
Trabajé durante las vacaciones, estudié con gran esfuerzo, terminé mi carrera y construí mi vida desde la dignidad del sacrificio y del trabajo honrado.
He trabajado más de 36 años como profesional, he contribuido con mi esfuerzo a la sociedad que me acoge, he formado una familia y he sacado adelante junto a mi mujer a nuestros tres hijos, dándoles educación, valores y futuro.
Y políticamente llevo más de cuatro décadas comprometido con la lucha democrática por Guinea Ecuatorial.
Cuarenta y dos años de militancia no se improvisan.
No he aparecido ahora.
He estado aquí durante toda la travesía.
En los años difíciles.
En el silencio.
En el exilio.
Cuando no había cámaras ni titulares.
Y si hoy doy un paso al frente, no es por ambición personal.
Es porque creo sinceramente que ha llegado el momento de empezar a construir el día después.

No basta con derribar una dictadura
Compatriotas,
Hay algo que quiero dejar muy claro:
No basta con desear el final de una dictadura.
No tenemos que confundir el deseo con la realidad.
Tenemos que construir el futuro.
Durante décadas nuestro pueblo ha sufrido:
- persecución política,
- encarcelamientos arbitrarios,
- exilio forzado,
- pobreza,
- miedo,
- humillaciones,
- y violaciones permanentes de los derechos humanos.
Y ante una historia así, no podemos actuar como si nada hubiera ocurrido.
Guinea Ecuatorial necesitará mecanismos de verdad, reparación y justicia capaces de cerrar heridas sin abrir otras nuevas.
Porque no hablamos de venganza.
Hablamos de dignidad.
Hablamos de reconocer el sufrimiento de las víctimas y acompañarlas.
Hablamos de reconstruir la confianza entre compatriotas.
Hablamos de evitar que nuestros hijos vuelvan a vivir lo que nosotros hemos sufrido.
La reconciliación nacional no puede basarse en el olvido artificial ni en borrar la memoria colectiva.
Un pueblo que olvida demasiado rápido corre el riesgo de repetir sus tragedias.
Por eso el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial defiende una transición basada en:
- la verdad,
- la justicia,
- la memoria,
- la reconciliación,
- y el respeto profundo a la dignidad humana.

Lo bueno ya puede tocarse
Queridos compatriotas,
Después de tantos años de oscuridad, hay algo nuevo recorriendo el corazón de muchos guineanos:
esperanza.
Una esperanza prudente, sí.
Pero cada vez más real.
La sentimos en las conversaciones.
La sentimos en el despertar de la juventud.
La sentimos en quienes ya no tienen miedo de hablar.
La sentimos incluso dentro de sectores que antes permanecían en silencio.
Porque cuando la dictadura empieza a descomponerse por dentro y el pueblo empieza a creer en sí mismo, el cambio deja de ser un sueño lejano.
El cambio empieza a convertirse en una posibilidad histórica.
Y yo os digo hoy, con absoluta convicción:
Guinea Ecuatorial volverá a levantarse.
Volveremos a abrazarnos sin miedo.
Volveremos a construir instituciones dignas.
Volveremos a caminar libres por nuestra tierra.
Volveremos a sentir orgullo de nuestro país.
Porque ningún sufrimiento es eterno cuando el pueblo decide recuperar su destino.
Y compatriotas…
lo bueno ya casi puede tocarse.
Un gran abrazo fraternal,
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


