Segunda parte
Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas:
Hay algo que muchos guineanos llevamos demasiado tiempo esperando: volver a casa.
Volver a Guinea Ecuatorial. Volver a nuestras raíces, a nuestros pueblos, a nuestras familias. Volver sin miedo y sin tener que preguntarnos qué puede ocurrir al cruzar de nuevo nuestras fronteras.
La verdad es que somos miles y miles los guineanos que estamos repartidos por África, Europa y América. Muchos tuvimos que marcharnos huyendo de los estragos de una dictadura que dura ya más de 47 años.
Y ahora, ante la esperanza de un cambio político, vuelve a aparecer con fuerza un deseo que nunca desapareció del todo: regresar a nuestra querida Guinea Ecuatorial.
Yo también quiero volver.
Quiero volver y poder abrazar a los que todavía están allí. Quiero volver sin tener que dejar atrás la libertad que tantos años nos ha costado defender.
Porque regresar a casa debería ser un derecho, no un riesgo.

Recuperar una fuerza que Guinea necesita
Durante todos estos años, el exilio no ha permanecido parado.
Muchos guineanos que tuvieron que marcharse han estudiado, trabajado, creado empresas, formado familias y aprendido a desenvolverse en sociedades abiertas y diametralmente diferentes de la comunidad de la que venían. Han construido relaciones con universidades, empresas, instituciones, organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación.
Han adquirido conocimientos que Guinea Ecuatorial necesita.
Y también han conocido otras formas de hacer las cosas.
Eso tiene un valor enorme.
Por eso creo que el exilio no debe desaparecer cuando llegue la democracia. Debe convertirse en una de las fuerzas que ayuden a construirla.
No hablo solamente de políticos. Hablo de médicos, ingenieros, profesores, empresarios, técnicos, investigadores, periodistas, economistas, y de tantos hombres y mujeres que durante años han seguido trabajando y preparándose lejos de nuestra tierra.
Guinea no puede permitirse perder todo ese conocimiento.

Volver para reconciliarnos
Hay otra cuestión todavía más importante.
La democracia no puede construirse dejando fuera a una parte de la nación.
No debe haber guineanos de primera y guineanos de segunda porque unos hayan permanecido dentro del país y otros hayan tenido que marcharse.
Unos han sufrido las consecuencias de la dictadura desde dentro. Otros las hemos sufrido desde fuera.
Pero todos somos Guinea Ecuatorial.
Por eso el regreso de los exiliados debe formar parte de la reconciliación nacional. No para que unos vengan a ocupar el lugar de otros, sino para que Guinea vuelva a reunir a todos sus hijos.
Y esa reconciliación tendrá que apoyarse en la verdad, en la justicia y, sobre todo, en garantías para todos.

También necesitamos recuperar a nuestros empresarios y gente emprendedora
Entre los guineanos que viven fuera hay también personas que han aprendido a crear empresas, gestionar recursos, invertir y relacionarse con otros mercados.
Su regreso puede ser muy importante para nuestro futuro económico.
Necesitamos una clase empresarial guineana fuerte, independiente y capaz de crear riqueza y empleo. Necesitamos agricultores, comerciantes, industriales, empresarios tecnológicos y emprendedores que puedan arriesgar su dinero y su trabajo sin depender de un padrino político.
Y es que una economía no se reconstruye únicamente desde un despacho del Gobierno.
Se reconstruye cuando una persona se atreve a abrir un negocio, cuando un agricultor puede producir y vender, cuando un joven encuentra financiación para poner en marcha una idea y cuando una empresa sabe que la ley protege su esfuerzo.
La diáspora puede aportar mucho en ese camino. Conocimiento, capital, contactos y experiencia.

Un programa nacional para el retorno
Por eso, una futura Guinea democrática debería poner en marcha un Programa Nacional de Retorno y Reintegración de la Diáspora.
Debería ofrecer garantías jurídicas y políticas a quienes quieran regresar, reconocer los títulos y la experiencia profesional adquirida fuera y facilitar el retorno de profesionales, técnicos y empresarios.
También tendrá que crear mecanismos que permitan a la diáspora invertir en Guinea, participar en la reconstrucción institucional y contribuir a la elaboración de las grandes políticas nacionales.
Y algo que considero fundamental: proteger el patrimonio y los derechos de propiedad.
Nadie puede pedir a una persona que regrese a su país si no tiene la seguridad de que sus derechos serán respetados.
El regreso tiene que significar tranquilidad.
Tiene que significar libertad.
Tiene que significar la posibilidad de volver a empezar.
Volver para construir
Guinea Ecuatorial no puede permitirse perder una generación entera.
Durante muchos años, el exilio ha mantenido encendida la llama de la libertad. Ahora ha llegado el momento de que esa experiencia pueda ponerse al servicio de la reconstrucción del país.
Los que denunciaron desde fuera deben poder regresar para construir dentro.
Los que estudiaron fuera deben poder enseñar.
Los que adquirieron experiencia profesional deben poder ponerla al servicio de nuestra sociedad.
Los empresarios deben poder invertir y crear empleo.
Los intelectuales deben poder pensar, debatir y discrepar.
Y las mujeres y los hombres que mantuvieron viva la defensa de la libertad deben poder participar plenamente en la nueva Guinea Ecuatorial.
No queremos que nadie vuelva para recibir un premio. Queremos que pueda volver para trabajar, para aportar y para construir junto a los demás.
Porque el futuro no se construirá con los que estuvieron dentro contra los que estuvieron fuera.
Se construirá entre todos.
Queridos compatriotas:
La democracia no consistirá solamente en cambiar un Gobierno.
Será algo mucho más profundo.
Será conseguir que Guinea Ecuatorial vuelva a ser capaz de reunir a todos sus hijos.
Durante demasiado tiempo hemos estado separados por el miedo, por la persecución y por el exilio.
Tenemos que ser capaces de cerrar esa etapa.
Yo sueño con el día en que un guineano pueda salir de nuestro país para estudiar, trabajar o conocer el mundo y pueda regresar cuando quiera. Sin miedo. Sin pedir permiso a nadie para ser libre.
Ese día llegará.
Y cuando llegue, tendremos que estar preparados para recibir a quienes quieran volver y, entre todos, levantar una Guinea Ecuatorial diferente.
Una Guinea donde nadie tenga que elegir entre su patria y su libertad.
Lo bueno está por llegar. Y este pronóstico se va a cumplir, más pronto que tarde.
Un abrazo fraternal,
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


