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SIN EXILIADOS LIBRES NO HABRÁ UNA GUINEA PLENAMENTE LIBRE

Por Redacción

05/09/2026

Primera parte

Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

Queridos compatriotas:

Hay algo que muchos guineanos llevamos esperando demasiado tiempo.

Volver a casa.

Volver a nuestra tierra. Volver a nuestras calles, a nuestros pueblos, a nuestras familias, a nuestras raíces.

Yo también quiero volver. No seguir perdiendo la posibilidad de abrazar a los que quedan.

Y después de tantos años fuera de Guinea Ecuatorial, puedo decir que la distancia nunca ha conseguido apartarme de mi país. Al contrario. Cuanto más tiempo he vivido lejos, más presente he tenido a Guinea en mis pensamientos y en mi corazón.

Por eso, cuando hablamos de cambio político, no hablamos solamente de instituciones, elecciones o gobiernos.

Hablamos también del regreso.

Del regreso de miles de hombres y mujeres que tuvieron que marcharse y que quieren volver a vivir libremente en la tierra que los vio nacer.

Ya es hora

1. Un exilio que nadie eligió

Durante décadas, miles de guineanos se han visto obligados a abandonar el país por razones políticas, por persecución, por falta de libertades o simplemente porque no podían desarrollar con normalidad su vida profesional y personal.

Nadie abandona voluntariamente su tierra, su familia y sus raíces cuando tiene la posibilidad de vivir dignamente en ella.

Por eso tenemos que decir las cosas como son:

nuestro exilio político ha sido una de las consecuencias de la dictadura. Una sinvergüencería obscena que obligó y aún lo hace, a que miles de personas tengan que irse de su casa por la mala fe de quién gobierna Guinea Ecuatorial.

Y una Guinea democrática tendrá que terminar también con esa realidad.

Los informes internacionales continúan señalando problemas relacionados con detenciones arbitrarias, persecución de opositores, restricciones a la libertad de expresión y dificultades para quienes ejercen actividades políticas críticas con el poder.

Mientras esas circunstancias existan, no podremos decir que nuestro país es libre.

La libertad no puede tener esa frontera.

No puede existir dentro del país para unos y estar prohibida para otros que tuvieron que marcharse.

2. El exilio también mantuvo abierta la ventana de Guinea

Hay otra parte de esta historia que debemos recordar.

Cuando dentro de Guinea era difícil hablar, hubo guineanos que hablamos desde fuera.

Cuando la voz de muchos no podía escucharse en nuestro país, otros levantamos la suya desde Europa, América, África y otros lugares del mundo.

Periodistas, políticos, intelectuales, activistas y ciudadanos anónimos mantuvieron durante años la denuncia y consiguieron que la situación de Guinea Ecuatorial siguiera llegando a gobiernos, instituciones internacionales, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos.

El exilio fue, de alguna manera, una ventana abierta al mundo de lo que se vivía dentro.

Por esa ventana se conoció la represión y los tremendos ataques de a los Derechos Humanos.

Pero también se denunció la corrupción, el nepotismo, el enriquecimiento ilícito y la utilización del Estado en beneficio de una pequeña élite.

Muchos lo hicieron sin saber cuándo podrían volver.

Algunos llevamos fuera prácticamente toda la vida.

Otros han muerto lejos de la tierra donde nacieron.

Y, sin embargo, nunca dejaron de ser guineanos.

Eso también forma parte de nuestra historia.

3. Y quiero detenerme especialmente en nuestras mujeres

Cuando hablamos del exilio solemos mencionar a dirigentes políticos, periodistas o intelectuales.

Pero hay una parte de esa historia que merece ser contada con mucha más fuerza:

la de las mujeres guineanas que han resistido desde el exilio.

Muchas han sostenido a sus familias.

Han cuidado de sus hijos mientras sus maridos o compañeros estaban perseguidos o lejos.

Han mantenido organizaciones y redes de apoyo.

Han participado en concentraciones y campañas.

Han denunciado ante instituciones internacionales la situación de nuestro país.

Y lo han hecho muchas veces sin disponer de medios y sin esperar reconocimiento.

Por eso quiero rendirles hoy un homenaje especial.

La lucha por la democracia de Guinea Ecuatorial no ha sido patrimonio de unos pocos dirigentes políticos.

Ha sido también la lucha de madres, esposas, hijas, estudiantes, profesionales y mujeres anónimas que se negaron a aceptar que el silencio fuera el destino de nuestro pueblo.

Tenemos una deuda de reconocimiento con ellas.

Y cuando llegue la democracia, su experiencia y su capacidad serán igualmente necesarias para construir el país que queremos.

4. El exilio también ha formado un capital humano que Guinea necesita

Hay algo que no debemos olvidar.

Muchos de los guineanos que vivimos fuera llevamos décadas estudiando, trabajando y adquiriendo experiencias en sociedades diferentes a la nuestra.

Entre los que hay médicos, ingenieros, economistas, profesores, abogados, periodistas, investigadores, informáticos, empresarios, técnicos y profesionales de muchas otras áreas.

Hemos aprendido.

Hemos trabajado.

Hemos creado empresas.

Hemos dirigido organizaciones.

Hemos conocido otras administraciones y otras formas de hacer las cosas.

Todo ese conocimiento representa un enorme patrimonio para Guinea Ecuatorial.

Pero quiero ser muy claro:

no se trata de regresar para ocupar puestos por el simple hecho de haber vivido fuera.

Se trata de poner al servicio de Guinea todo aquello que cada uno haya aprendido.

Y esto es importante.

El país no puede volver a dividir a sus ciudadanos entre los que estuvieron dentro y los que estuvieron fuera.

Unos tienen una experiencia.

Los otros tienen otra.

Guinea necesita las dos caras de la misma moneda.

Los que resistieron dentro conocen profundamente la realidad cotidiana del país.

Los que tuvimos que marcharnos hemos adquirido experiencias que también pueden resultar extraordinariamente útiles.

La nueva Guinea tendrá que sumar ambas.

5. Volver a casa debe significar volver en libertad

Este punto es fundamental para nosotros.

No podemos pedir a los exiliados que regresen para que vuelvan a vivir con miedo.

El retorno debe producirse con garantías reales.

Garantías de seguridad personal.

Libertad de expresión y de asociación.

Reconocimiento de los derechos políticos.

Ausencia de persecución por motivos políticos.

Garantías jurídicas sobre sus bienes y propiedades.

Posibilidad de trabajar, emprender y desarrollar una vida normal.

Y mecanismos para revisar aquellas condenas políticas que hayan sido injustas.

Quien quiera participar en la vida política deberá poder hacerlo libremente.

Porque hay una cuestión que debería ser evidente para cualquier sociedad democrática:

un ciudadano no vuelve a su país para pedir permiso para ser libre.

Vuelve porque es libre.

Foto 7

Queridos compatriotas:

Durante demasiados años, Guinea Ecuatorial ha estado dividida entre quienes pudieron quedarse y quienes tuvieron que marcharse.

Esa división tiene que terminar.

No queremos una Guinea de vencedores y vencidos.

Queremos una Guinea donde podamos encontrarnos.

Donde podamos volver a sentarnos juntos.

Donde nuestros hijos no tengan que heredar nuestras heridas.

Donde el que estuvo dentro y el que estuvo fuera puedan reconocerse como lo que realmente son:

hijos de la misma tierra.

Por eso seguimos trabajando con la comunidad internacional y con todos aquellos que pueden contribuir a que el cambio político llegue de manera pacífica y responsable.

No sé exactamente cuándo llegará el momento.

Pero sí sé algo.

Tenemos que estar preparados para cuando llegue.

Y cuando llegue, las puertas de Guinea deberán abrirse para todos sus hijos.

Porque un país que obliga a sus ciudadanos a vivir lejos de su tierra nunca puede considerarse libre.

Sin exiliados libres no habrá una Guinea libre.

Y yo quiero volver a casa.

Quiero que volvamos.

Y quiero que algún día podamos decir, sin miedo y sin condiciones:

Guinea Ecuatorial vuelve a ser nuestra casa. La casa de todos.

Lo bueno está por llegar.

Un fuerte abrazo fraternal.

Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

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