Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas:
A lo largo de estas últimas semanas he ido compartiendo con vosotros algunas de las ideas que, a mi juicio, deben formar parte del proyecto de país para la Guinea Ecuatorial del futuro.
Hemos hablado de educación, de sanidad, de agricultura, de empleo, de infraestructuras, de instituciones y de democracia. Pero hay una cuestión que, aunque a veces resulte menos cercana, condiciona profundamente la vida de todos: la forma en que un país administra, protege y pone en movimiento su dinero.
Porque el cambio político, por sí solo, no resolverá nuestros problemas.
Después del cambio tendremos que saber qué hacer. Tendremos que contar con instituciones preparadas y con personas capaces de gestionar un país moderno. Y tendremos que aprovechar la tecnología y los avances que ya existen en el mundo para ponerlos, por fin, al servicio de los ciudadanos guineo ecuatorianos.
Una Guinea democrática necesitará un sistema financiero moderno, transparente y accesible. Un sistema que deje atrás la opacidad y que ayude a crear riqueza, empleo y oportunidades.

Un sistema bancario que llegue a la gente
Hoy, para muchos ciudadanos, acceder a determinados servicios financieros sigue siendo difícil. El crédito no llega con la facilidad necesaria a las familias, a los pequeños empresarios, a los agricultores o a quienes tienen una buena idea y quieren convertirla en un negocio.
Esto tiene que cambiar y así va a ser.
Necesitamos un sistema bancario con mayor presencia en el país, con más competencia y con servicios que lleguen también a quienes viven lejos de los grandes centros urbanos.
Pero no se trata simplemente de abrir más oficinas bancarias.
La tecnología nos permite hoy hacer cosas que hace unos años parecían imposibles. Los servicios digitales, los pagos seguros a través del teléfono y las nuevas herramientas financieras pueden acercar la banca a pueblos y comunidades que nunca han tenido una oficina cerca.
La modernización tecnológica debe servir para algo muy sencillo: hacerle la vida más fácil a la gente.
Y, al mismo tiempo, tendremos que preparar equipos capaces de gestionar y supervisar esos cambios. La tecnología no sustituye la responsabilidad ni el conocimiento. Al contrario: exige profesionales más preparados.
El crédito debe llegar a quien trabaja y quiere progresar. A quien desea abrir un pequeño comercio, cultivar una finca, crear una empresa, desarrollar un proyecto industrial o ampliar una actividad que ya funciona.
Agricultura, ganadería, pesca, comercio, industria, artesanía, pequeñas y medianas empresas: ahí está una parte muy importante del futuro económico de nuestro país.

Instituciones que inspiren confianza
Un sistema financiero moderno necesita instituciones profesionales.
Necesitamos organismos capaces de supervisar el funcionamiento de las entidades financieras y de proteger la estabilidad del sistema, alejados de los intereses particulares y sometidos a reglas claras y a controles eficaces.
Las instituciones deben estar al servicio del país, no de las personas que ocupan temporalmente un cargo.
Esa será una de las grandes diferencias de la nueva Guinea Ecuatorial: el país tendrá que aprender a funcionar con instituciones sólidas y equipos preparados, no dependiendo de la voluntad de una sola persona o de un pequeño grupo.

El dinero público debe tener dueño: el pueblo
Hay una pregunta muy sencilla que todos los ciudadanos deberían poder hacer:
¿Cuánto dinero recibe el Estado y en qué se lo gasta?
Y deberían poder obtener una respuesta.
Los presupuestos públicos, los grandes contratos y las inversiones del Estado deben poder ser conocidos y fiscalizados. No puede haber desarrollo verdadero cuando la administración del dinero público se convierte en un territorio oscuro al que solo tienen acceso unos pocos.
La transparencia no es una palabra bonita para los discursos.
Es una forma de proteger el dinero de todos.
Y la tecnología puede ayudarnos mucho. Una administración pública moderna puede utilizar herramientas digitales para mejorar el control, reducir trámites innecesarios, seguir la ejecución de los proyectos y hacer más difícil que el dinero público desaparezca por los caminos de la corrupción.
Pero, insisto, nada de esto funcionará sin personas formadas, responsables y capaces de administrar esos recursos con honestidad.

El petróleo es de todos y también pertenece al futuro
Nuestro petróleo y nuestro gas no son eternos.
Por eso debemos actuar con inteligencia.
Una parte de los recursos que genere nuestra riqueza nacional debe servir para preparar el futuro. Educación, sanidad, infraestructuras, nuevas actividades económicas y oportunidades para las próximas generaciones.
Será necesario estudiar la creación de mecanismos transparentes y sometidos a control público que permitan transformar una riqueza limitada en inversiones que sigan beneficiando al país cuando los recursos naturales disminuyan.
El verdadero éxito no será cuánto dinero seamos capaces de gastar.
Será qué país dejemos construido con ese dinero.

Cerrar las puertas a la corrupción
La corrupción ha hecho demasiado daño a nuestro país.
No habrá reconstrucción económica seria si no somos capaces de establecer reglas claras, controlar los conflictos de intereses, conocer quién se encuentra realmente detrás de las empresas que contratan con el Estado y perseguir el uso privado de los recursos públicos.
El dinero del Estado no puede volver a confundirse con el dinero de quienes gobiernan.
Esa separación es fundamental.
Y deberá estar respaldada por leyes, instituciones independientes, profesionales preparados y mecanismos de control que funcionen de verdad.

Que nadie quede fuera
También tenemos que pensar en el ciudadano que hoy está fuera del sistema financiero.
El futuro debe permitir que cualquier guineano pueda acceder a servicios seguros para guardar su dinero, realizar pagos, recibir ingresos y desarrollar una actividad económica.
La inclusión financiera será una herramienta importante para reducir desigualdades y ampliar oportunidades.
Un agricultor que pueda cobrar con seguridad por su producción. Una pequeña empresaria que pueda acceder a financiación. Un joven que pueda poner en marcha un proyecto. Una familia que pueda realizar una operación sin depender de intermediarios.
Son cosas aparentemente pequeñas, pero cambian la vida cotidiana y ayudan a poner en marcha la economía.

Financiar a quienes producen
Un buen sistema financiero no debe limitarse a mover dinero.
Debe ayudar a crear riqueza.
Necesitamos facilitar el acceso al crédito para proyectos viables y acompañar a quienes quieren emprender. El Estado puede estudiar mecanismos de garantía que reduzcan las dificultades iniciales para determinados proyectos, siempre con criterios claros y profesionales.
Porque nuestro futuro no puede depender únicamente del petróleo.
Tenemos que volver a producir.
Y para producir necesitamos personas preparadas, empresas, iniciativa, conocimiento, tecnología y financiación.

Recuperar algo que hemos perdido: la confianza
Al final, todo este debate se resume en una palabra: confianza.
Que el ciudadano confíe en sus instituciones.
Que el pequeño empresario pueda invertir sin necesitar padrinos.
Que el joven crea que una buena idea puede tener futuro.
Que quien trabaja sepa que las reglas son iguales para todos.
Y que todos podamos conocer cómo se administra el dinero que pertenece al pueblo.
Una economía moderna necesita libertad, iniciativa y seguridad jurídica. Pero también necesita seriedad, disciplina y responsabilidad en la gestión de los recursos públicos.
Ese será uno de los grandes trabajos de la Guinea Ecuatorial democrática: pasar de un sistema marcado por la concentración, la corrupción y la opacidad a un país donde las reglas sean conocidas y las instituciones funcionen.
Y para conseguirlo tendremos que preparar desde ahora a las personas que deberán asumir esa responsabilidad.
El futuro no se improvisa el día después del cambio.
Se empieza a construir antes.

Queridos compatriotas:
Seguimos trabajando por el cambio político, pero también por lo que tendrá que venir después.
La transición será solo el comienzo.
Después tendremos que levantar instituciones, reconstruir la confianza y poner todo el conocimiento, la tecnología y el talento que seamos capaces de reunir al servicio de nuestro pueblo.
Queda mucho trabajo por delante.
Pero también tenemos, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de pensar seriamente en el país que queremos construir.
Una Guinea Ecuatorial donde el dinero público vuelva a servir al interés general. Donde el esfuerzo encuentre oportunidades. Donde la tecnología ayude a acercar servicios y no a aumentar las desigualdades. Y donde una nueva generación de hombres y mujeres preparados pueda asumir la responsabilidad de llevar el país hacia adelante.
Compatriotas, tengamos paciencia y no perdamos la esperanza.
Estamos trabajando para el cambio.
Y, sobre todo, estamos trabajando para el día después.
Todo está por llegar.
Un abrazo fraternal.
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


