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LA JUVENTUD, PROTAGONISTA DE LA GUINEA DEMOCRÁTICA QUE QUEREMOS

Por Redacción

19/09/2026

Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

Queridos compatriotas:

Hay ciertos momentos en los que uno se pone a pensar en el futuro sin haberlo buscado.

A mí me ocurre sobre todo cuando veo jugar a mis nietos.

Me divierte y hay veces que hasta me conmueve verlos correr, reírse, pelearse por una tontería y volver a estar juntos cinco minutos después. Y mientras los observo, me viene una pregunta recurrente a la cabeza: ¿qué Guinea vamos a dejarles?

No pienso solamente en el país que tendremos dentro de diez o veinte años. Pienso en algo mucho más cercano. En cómo será la vida de mis hijos y, sobre todo, de mis nietos. En si podrán estudiar lo que quieran, si encontrarán un trabajo digno, cómo será la familia que formarán, si emprender será difícil, si podrán viajar y volver a casa sin problemas y, sobre todo, si lograrán vivir sin miedo.

Y, lógicamente, esos pensamientos me llevan también a pensar en los jóvenes.

Porque esos niños que hoy juegan en el parque serán mañana los que tendrán que construir su propia vida. Y no me gustaría para ellos una Guinea Ecuatorial en la que las oportunidades dependan de un «padrino», de lo que hoy se dice de «conocer a la persona adecuada», ni una Guinea en la que haya que callar para conservar un trabajo o someterse al poder para poder progresar.

Estoy luchando, junto a mis compañeros, para que nuestros chicos puedan elegir.

Eso, para mí, es una de las cosas fundamentales de una sociedad democrática.

Durante demasiado tiempo, muchos guineanos hemos crecido sin conocer una verdadera alternancia política y sin disfrutar de libertades que deberían formar parte de la vida normal de cualquier persona. Muchos jóvenes han conocido desde muy chicos una determinada manera de entender el poder y pueden llegar a pensar que las cosas son así y que necesariamente tienen que seguir siendo así.

Pero, como es obvio, no tiene por qué ser así.

Una nueva generación va a aprender otra forma de convivir. Aprenderá que se puede pensar diferente sin convertirse en enemigo, que se puede criticar al Gobierno sin tener miedo y también que quien ocupa una responsabilidad pública no recibe un privilegio, sino una responsabilidad ante los ciudadanos.

La democracia también se aprende.

Y esa educación no debe empezar cuando un joven entra en política. Empieza mucho antes.

Empieza en casa.

La familia es la primera escuela del niño. Allí aprende a respetar, a escuchar, a compartir, a asumir pequeñas responsabilidades y también a expresar lo que piensa. Aprende que puede equivocarse y que equivocarse no significa que todo esté perdido.

Por eso, cuando hablamos de educación, no podemos pensar exclusivamente en las escuelas.

También tenemos que ayudar a los padres.

Hay padres jóvenes que quieren educar bien a sus hijos y muchas veces no disponen de las herramientas necesarias. Nadie nace sabiendo cómo ser padre o madre. También necesitamos aprender, escuchar y pedir ayuda cuando hace falta.

Por eso considero importante estudiar la creación de una Escuela de Padres, como espacio de orientación y apoyo a las familias. Un lugar donde los padres puedan encontrar formación para acompañar a sus hijos en las distintas etapas de su crecimiento, conocer mejor sus necesidades y afrontar también las dificultades que puedan aparecer.

Apoyar a una familia es apoyar a sus hijos.

Y apoyar a un niño que tiene dificultades es, por supuesto, una obligación de toda la sociedad.

No podemos construir una Guinea Ecuatorial moderna dejando atrás a los más vulnerables. Tenemos que conseguir que cada niño tenga la posibilidad de desarrollar sus capacidades. El que tenga facilidad para estudiar debe poder avanzar. El que necesite apoyo debe recibirlo. El que tenga talento para la música, el deporte, la ciencia, un oficio o cualquier otra actividad debe encontrar un ambiente que le permita desarrollarlo.

No debemos desperdiciar el talento de ningún niño guineano.

Y eso nos lleva de nuevo a los jóvenes.

Yo peleo por una juventud preparada, pero no una juventud preparada únicamente para ocupar puestos. Lucho por jóvenes preparados para pensar, para trabajar, para crear, para participar y para asumir responsabilidades.

No necesitamos una generación que espere simplemente a heredar lo que otros han hecho.

Necesitamos una generación que quiera aprender y que tenga iniciativa.

Una generación capaz de decir: esto no funciona y voy a intentar buscar una solución. Una generación que pueda trabajar con otros aunque no piensen exactamente igual. Una generación que entienda que la autoridad no consiste en mandar sobre los demás, sino en asumir una responsabilidad y responder por ella.

También tendremos que cambiar nuestra relación con las oportunidades.

Un joven no debería pensar que su futuro depende de sus relaciones con el poder. Debería poder confiar en su preparación, en su trabajo y en sus capacidades.

El mérito debe contar.

Y para que el mérito pueda contar, necesitamos educación, formación profesional, empleo, empresas, innovación, agricultura moderna, tecnología y una economía capaz de crear oportunidades.

Porque tampoco podemos hablar de libertad mientras un joven no encuentra ninguna posibilidad de construir su vida.

La democracia necesita oportunidades.

Trabajamos para una Guinea en la que un joven pueda decidir quedarse porque encuentra un futuro en su propio país. Y si decide marcharse para estudiar o trabajar fuera, que sepa que puede hacerlo sin sentir que está perdiendo para siempre su relación con Guinea Ecuatorial. Y, desde luego, trabajamos para que siempre pueda regresar.

No como muchos, que salimos en nuestra juventud y hasta ahora. No hay derecho.

Cuando vuelvo a pensar en mis nietos, hay algo que tengo especialmente claro.

No puedo decidir por ellos cómo tendrán que vivir.

Pero me dejo la piel para que tengan la libertad de decidir.

Espero que puedan estudiar, trabajar, emprender, formar una familia, equivocarse, volver a empezar y defender sus ideas. Me gustaría que puedan vivir en Guinea Ecuatorial porque quieren vivir en Guinea, no porque tengan miedo de marcharse.

Y espero algo tan sencillo como que los padres tengan tiempo para llevar a sus hijos al parque.

Puede parecer una cosa pequeña.

No lo es.

Una sociedad también se mide por estas cosas. Por si una familia puede vivir con dignidad. Por si un padre puede acompañar a su hijo a los entrenamientos de fútbol. Por si una madre puede ver crecer a sus hijos sin vivir permanentemente preocupada por el mañana.

Ese es el desarrollo que tenemos que buscar.

Y para conseguirlo necesitaremos una nueva cultura política: menos obediencia ciega y más responsabilidad; menos dependencia y más iniciativa; menos personalismo y más instituciones; menos miedo y más libertad.

Recuerdo unas palabras que pronunció el ex presidente EE.UU. Barack Obama en Accra, Ghana, en 2009: “África no necesita hombres fuertes; necesita instituciones fuertes”.

Esa idea resume muy bien lo que queremos para nuestra juventud. No queremos que nuestros jóvenes crezcan esperando la llegada de otro hombre fuerte al frente del país. Queremos que crezcan sabiendo que las instituciones están por encima de las personas, que el poder tiene límites y que las responsabilidades públicas se ejercen durante un tiempo y después se entregan con normalidad.

Nuestros jóvenes tendrán que ser protagonistas de ese cambio cultural.

Pero también tendrán que prepararse para algo todavía más importante: entender que el poder democrático no pertenece a nadie para siempre.

Quien gobierna tiene que poder ser controlado. Quien recibe una responsabilidad tiene que saber que algún día tendrá que entregarla. Y, sobre todo, ha de rendir cuentas.

Ese es, quizá, el verdadero significado del relevo generacional.

El relevo generacional debe ser algo natural en una Guinea Ecuatorial democrática.

Unos asumirán responsabilidades mientras otros las dejan. Después serán otros los que lleguen. Así funciona una sociedad normal y así tiene que funcionar también la política.

Nuestros jóvenes no tienen que esperar a que alguien les entregue el poder. Tienen que prepararse para asumir responsabilidades cuando les corresponda y entender, al mismo tiempo, que esas responsabilidades no son propiedad de nadie.

Un día serán ellos quienes tomen las decisiones y, llegado el momento, serán también ellos quienes tendrán que dejar paso a la siguiente generación.

Esto no es una amenaza para nadie. Es la normalidad de una democracia.

No se trata simplemente de que una generación sustituya a otra en los cargos. Se trata de que las nuevas generaciones crezcan en una cultura diferente, donde las instituciones sean más fuertes que las personas y donde ningún ciudadano tenga que someterse para poder vivir con dignidad.

Por eso, cuando miro a mis nietos, pienso en todos los niños de Guinea Ecuatorial.

No me gustaría una Guinea preparada solamente para los hijos de unos pocos.

Quiero una Guinea Ecuatorial en la que cada niño pueda descubrir aquello que es capaz de hacer y tenga una oportunidad real de hacerlo.

Y para llegar hasta ahí tenemos que empezar a prepararnos desde ya.

La buena voluntad será necesaria, pero no suficiente. Necesitaremos personas formadas, equipos preparados, familias acompañadas, jóvenes con iniciativa e instituciones capaces de responder a los ciudadanos.

Foto 7

El futuro no se improvisa. Se prepara.

Y cuando llegue el momento, Guinea Ecuatorial necesitará estar preparada.

Porque esos niños que hoy vemos jugar en los parques no nos están preguntando todavía qué vamos a hacer.

Pero algún día lo harán.

Y entonces tendremos que poder mirarles a los ojos y decirles que hicimos todo lo posible para dejarles un país mejor.

Un país donde puedan vivir.

Un país donde puedan crecer.

Un país donde puedan elegir.

Un país libre.

Lo bueno está por llegar.

Armengol Engonga Ondo
Presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

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