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Mientras haya un nombre sin justicia y un exiliado sin reconocimiento, Guinea Ecuatorial no será plenamente libre

Por Redacción

25/07/2026

Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

Queridos compatriotas:

Hay pueblos que olvidan demasiado deprisa.

Y hay pueblos que viven prisioneros del pasado.

Guinea Ecuatorial no puede permitirse ni una cosa ni la otra.

Necesitamos recordar, no para reabrir heridas, sino para comprender quiénes somos y hacia dónde queremos caminar.

Por eso sigo escribiendo sobre nuestra memoria histórica.

Porque estoy convencido de que solo un pueblo que conoce su pasado puede construir un futuro más justo y más libre.

La independencia traicionada

La independencia debía inaugurar una etapa de esperanza.

Era el sueño de una nación que quería caminar con sus propios pasos, construir sus propias instituciones y ofrecer un futuro digno a sus hijos.

Pero ese sueño quedó muy pronto atrapado por el miedo.

La libertad dio paso a la persecución.

La ilusión se convirtió en incertidumbre.

Y la esperanza terminó cediendo ante el terror.

Aquella fue la gran traición a la independencia.

Porque un país no alcanza su verdadera independencia cuando cambia una bandera.

La alcanza cuando sus ciudadanos pueden vivir libres, pensar libremente y construir su futuro sin miedo.

El otro gran crimen: el exilio

La dictadura no solo llenó cementerios.

También vació Guinea Ecuatorial.

Decenas de miles de compatriotas tuvieron que abandonar la tierra donde habían nacido para salvar su vida, proteger a sus familias o buscar la libertad que ya no encontraban en su propio país.

Muchos encontraron refugio en Gabón.

Otros cruzaron la frontera hacia Camerún.

Miles reconstruyeron su vida en España, Francia, Gran Bretaña, otros países europeos o Estados Unidos de América.

Con ellos no se marchó únicamente una parte de la población.

Se marchó una parte del talento de Guinea Ecuatorial.

Se marcharon médicos, profesores, abogados, ingenieros, funcionarios, empresarios, intelectuales y estudiantes.

Personas preparadas que habrían contribuido decisivamente al desarrollo de nuestra nación.

La dictadura expulsó precisamente a quienes más necesitaba Guinea Ecuatorial para crecer.

Y ese vacío todavía forma parte de nuestra historia.

El exilio no viene a sustituir a nadie

Quiero decir algo con absoluta claridad.

Los exiliados no regresarán para ocupar el lugar de nadie.

Regresarán para sumar.

Para compartir su experiencia.

Para aportar el conocimiento adquirido durante tantos años.

Para ayudar a reconstruir el país junto a quienes resistieron dentro de Guinea Ecuatorial.

Porque la reconstrucción nacional será una tarea colectiva.

No habrá vencedores ni vencidos.

Habrá un solo pueblo decidido a levantar una nueva etapa de su historia.

El exilio también construye esperanza

Hace unos meses compartí una conversación con Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas y símbolo del exilio democrático venezolano. Mientras hablábamos, pensé que el exilio tiene el mismo rostro en cualquier parte del mundo: hombres y mujeres que un día tuvieron que abandonar su patria, pero que nunca renunciaron a ella. 

Los exiliados no viven anclados en el pasado. Viven mirando al futuro, preparando el momento en que puedan volver para poner su experiencia, su conocimiento y su trabajo al servicio de su pueblo.

Por eso el exilio no debe contemplarse como una pérdida irreversible, sino como una enorme reserva de talento, de experiencia y de compromiso que algún día contribuirá a reconstruir Guinea Ecuatorial.

Estoy convencido de que llegará el momento en que nuestros compatriotas dispersos por África, Europa y América regresarán con una sola voluntad: ayudar a levantar una nación reconciliada, democrática y abierta al mundo.

Porque ningún exilio es eterno cuando un pueblo decide recuperar su libertad.

También debemos honrar a quienes resistieron dentro

Hoy quiero rendir homenaje también a quienes nunca pudieron abandonar el país.

A quienes sobrevivieron guardando silencio para proteger a sus familias.

A quienes, con enorme dignidad, resistieron sin perder sus valores.

A quienes ayudaron a vecinos perseguidos.

A quienes escondieron a quienes eran buscados.

A quienes conservaron viva la esperanza cuando parecía que todo estaba perdido.

Ellos también forman parte de la resistencia democrática de Guinea Ecuatorial.

Ellos también merecen nuestro respeto y nuestro reconocimiento.

Porque la historia de nuestro país no pertenece únicamente al exilio.

También pertenece a quienes resistieron desde el interior.

La democracia que construiremos deberá abrazar ambas realidades.

La memoria del exilio.

Y la memoria de la resistencia interior.

Solo así podremos reconciliarnos de verdad.

Recordar para reconciliarnos

Compatriotas,

No queremos construir el futuro sobre el odio.

Queremos construirlo sobre la verdad.

Porque ninguna democracia sólida puede levantarse sobre el olvido.

Recordar no significa dividir.

Recordar significa aprender.

Significa honrar a quienes sufrieron.

Significa enseñar a nuestros hijos que la libertad nunca está garantizada para siempre y que debe defenderse cada día.

Nuestro pueblo necesita reconciliarse consigo mismo.

Necesita reconocer el sacrificio de quienes perdieron la vida.

Necesita reconocer el sufrimiento de quienes vivieron el exilio.

Y necesita agradecer la dignidad de quienes resistieron dentro del país.

Solo entonces podremos cerrar una de las páginas más dolorosas de nuestra historia.

El futuro pertenece a un pueblo reconciliado

Queridos compatriotas,

Los hombres fuertes pasan.

Las dictaduras terminan.

Los pueblos permanecen.

Y el pueblo de Guinea Ecuatorial ha demostrado durante décadas una extraordinaria capacidad para resistir, para mantener la esperanza y para seguir creyendo en un futuro mejor.

Estoy convencido de que llegará el día en que los hijos del exilio y los hijos de quienes permanecieron en nuestra tierra trabajarán juntos por una misma causa.

Ese será el verdadero triunfo de la democracia.

Ese será el verdadero sentido de la reconciliación nacional.

Y ese será el momento en el que podremos decir, con orgullo, que Guinea Ecuatorial volvió a encontrarse consigo misma.

Porque el futuro pertenece a quienes nunca dejaron de creer.

Pertenece a quienes resistieron.

Pertenece a quienes no respondieron al odio con más odio.

Y pertenece, sobre todo, a un pueblo que ha decidido levantarse.

Compatriotas…

Lo bueno está por llegar.

Un fuerte abrazo fraternal,

Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial

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