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El Confidencial de Guinea Ecuatorial

La Voz de la Democracia

Cómplices de la dictadura

Por Redacción

08/05/2025

Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del Partido del Progreso

En Guinea Ecuatorial, el sufrimiento de un pueblo silenciado convive con la indiferencia —y en demasiados casos, la complicidad— de actores internacionales. Naciones muy democráticas unas, otras no tanto, y algunas abiertamente autoritarias, operan en el país sin mostrar el menor reparo ante la represión de la oposición, los asesinatos políticos o la exclusión social de la mayoría de los ciudadanos guineanos. La ética, cuando hay intereses económicos de por medio, desaparece.

Junto a estas potencias, vemos desfilar a una pléyade de empresarios y políticos  que llegan al país como moscas a la miel, atraídos por la posibilidad de hacer dinero rápido. Poco o nada les importa que, al asociarse con el régimen, estén alimentando la maquinaria de corrupción que expolia los recursos que pertenecen legítimamente al pueblo. Con cada contrato, con cada negocio, no solo contribuyen al saqueo: legitiman y prolongan una dictadura cleptocrática que lleva más de medio siglo oprimiendo.

Es evidente que los primeros responsables de esta situación son los propios gobernantes del país, que permiten estas prácticas a cambio de sobornos y privilegios. Pero no por ello quedan exonerados quienes desde fuera deciden cerrar los ojos. Ni las potencias extranjeras, ni los empresarios, ni los políticos  implicados pueden fingir ignorancia. Saben perfectamente que están actuando en contra de los intereses de los guineanos y, sin embargo, eligen el beneficio económico por encima de los principios democráticos y los derechos humanos.

Cuando faltan valores cívicos y democráticos, la codicia se impone con facilidad sobre cualquier sentido de justicia. Lo sé por experiencia. Hace años, una abogada española, con vínculos evidentes con el régimen de Obiang, me invitó a invertir en Guinea con la promesa de jugosos beneficios. Al mostrar mis dudas —pues conocía poco del país—, trató de convencerme con el relato oficial: que Obiang era un gran presidente, que había pluralismo político y que los guineanos lo elegían libremente. Sobre los exiliados políticos, no dudó en calificarlos de “terroristas”.

Intrigado, decidí acudir a alguien que conocía la realidad de primera mano: Armengol Engonga, que por entonces residía en mi ciudad. Fue él quien me dio a conocer la dura realidad de su país. Comprendí que con esta situación  no podía, ni ética ni moralmente, hacer negocios con un régimen dictatorial. Rechacé la oferta. Y no me arrepiento.

Cualquier gobierno, empresa o individuo —especialmente si es guineano o tiene lazos con el país— no solo tiene el deber de no colaborar con la dictadura, sino también la obligación de combatirla. La mejor forma de hacerlo es desenmascarándola públicamente, denunciando sus crímenes y negándose a difundir o normalizar su discurso.

El boicot al régimen de Obiang debe ser total, tanto dentro como fuera del país, utilizando todos los medios a nuestro alcance. No se trata solo de resistir: se trata de aislarlo.

Es innegable que la mayor responsabilidad recae sobre los políticos, tanto los que están dentro como fuera del país. No pueden permanecer callados ante la barbarie. Mucho menos aceptar prebendas a cambio de su silencio.

Dicho esto, es también justo reconocer una gran debilidad: muchos partidos de la oposición —me refiero a la auténtica, no a los falsos opositores funcionales al régimen— carecen todavía de un proyecto político, social y económico claro y viable para el país. Y sin alternativa real, la esperanza del pueblo se apaga. La lucha contra la dictadura no puede basarse solo en el rechazo: debe ofrecer un horizonte, una propuesta seria, creíble y transformadora.

El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) lleva años trabajando en una acción de gobierno seria y responsable en lo político, lo social y lo económico. Estamos firmemente comprometidos con liderar una transición democrática que cuente con todos los guineanos, sin exclusiones, y que devuelva la dignidad, la justicia y la libertad a nuestra nación.

Porque Guinea Ecuatorial merece justicia, sí, pero también futuro.

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