Los 35 hijos «vividores» y las miles de amantes de Teodoro Obiang, el semental de Malabo que utilizó el sexo como arma política
La Noticia
La reciente publicación del diario El Español, titulada “Los 35 hijos ‘vividores’ y las miles de amantes de Teodoro Obiang”, ha escandalizado a lectores internacionales. Sin embargo, para nosotros, los guineanos, no ha revelado ninguna novedad. Lo que el artículo expone con cierto tono de tabloide es, en realidad, la punta del iceberg de una tragedia histórica: el secuestro absoluto de nuestro país por una familia convertida en dinastía, cuyo legado es el saqueo, el abuso y la muerte silenciosa de un pueblo entero.
El abuso sexual como arma de poder
En el centro de este sistema de opresión se encuentra Teodoro Obiang Nguema, no como simple dictador, sino como un hombre que ha convertido su libido en política de Estado. Durante décadas, ha mantenido relaciones con decenas —si no cientos— de mujeres, muchas veces por coacción, otras bajo amenaza directa, y en muchos casos mediante violación. A sus ministros les robaba no sólo el respeto, sino también a sus esposas e hijas, como forma de humillarlos y reafirmar su poder. Y les advertía: “Trátala bien. Ahora es mía”.
Llamarle “semental” sería concederle una épica que no merece. Es, sencillamente, un monstruo sexual, un predador con rango de jefe de Estado. Ha violado a criadas, estudiantes, campesinas y hasta niñas. Algunos hijos de esas agresiones no han sido jamás reconocidos. Otros han sido condenados al olvido, a la vergüenza, o a la marginación total.
Una tragedia sanitaria silenciada
Hoy, Guinea Ecuatorial atraviesa una crisis sanitaria sin precedentes. El sistema de salud está colapsado y los retrovirales escasean o simplemente no llegan. Según estimaciones creíbles, más de 300.000 personas están infectadas por el VIH, en un país que apenas supera el millón y medio de habitantes. Esto no es una cifra fría: es una catástrofe que el régimen ha provocado y luego ha ocultado.
Hay casos documentados —y muchos más de los que no se hablan— donde miembros del régimen han transmitido el VIH de manera deliberada, conscientes de estar infectados, a niñas y adolescentes en condiciones de total vulnerabilidad. Su lógica: “Si yo lo tengo, que lo tengan los demás”.
El SIDA, en Guinea Ecuatorial, no es sólo una enfermedad. Es un arma de guerra contra la juventud, contra las mujeres, contra el futuro.
Teodorín: el delfín del desastre
En este panorama desolador, Teodoro Nguema Obiang Mangue, alias Teodorín, aparece como la caricatura obscena del heredero. No tiene formación, ni virtud, ni mérito alguno. Ha sido condenado por corrupción internacional. Ha despilfarrado la riqueza nacional en yates, relojes, mansiones y orgías. Pero, peor aún, forma parte de esta red de abusos, silencio y crimen, y su ascenso a la vicepresidencia no es otra cosa que la culminación de un proyecto de sucesión dinástica basado en la impunidad.
No es un vividor: es el síntoma degenerado de un sistema criminal.
La familia como forma de dominación
El clan Obiang ha sustituido las instituciones por la sangre, la ley por el miedo, el mérito por el apellido. El Estado no existe. Existe una finca familiar donde cada ministerio es una herencia, cada embajada una recompensa, cada cuerpo de seguridad una correa de transmisión de terror.
Y el mundo, lamentablemente, ha preferido mirar hacia otro lado. Porque hay petróleo. Porque hay contratos. Porque la tragedia africana aún vende como folclore exótico.
El PPGE lo tiene claro: este será uno de nuestros primeros frentes
El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE) se compromete a abordar esta catástrofe con carácter de urgencia nacional. No se puede construir democracia alguna sobre un país devastado por el miedo, la enfermedad y la impunidad sexual. Es necesario:
• Investigar y juzgar los crímenes sexuales del régimen.
• Crear un sistema de protección real para niñas y mujeres.
• Declarar una emergencia sanitaria nacional frente al SIDA.
• Recuperar el sistema de salud pública para que funcione al servicio del pueblo.
• Romper la cadena de impunidad que permite que el abuso se herede como si fuera un derecho.
La historia no absolverá a Teodorín, ni al régimen que lo engendró
Pero tampoco absolverá a quienes, en el interior o en el exterior, lo toleraron por petróleo, por cobardía o por cálculo político. La historia está escrita en los cuerpos marcados, en los niños huérfanos, en las mujeres infectadas, en los jóvenes sin futuro.
Guinea Ecuatorial merece algo mejor. Y lo va a tener.


