Primera parte
Por Armengol Engonga Ondo, presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial
Queridos compatriotas:
La situación de Guinea Ecuatorial nos obliga a mirar de frente a la realidad de nuestro país y a preguntarnos qué camino queremos seguir. Es así: esta gente de Obiang nos ha dejado en medio de la nada. Hacia alguna parte tendremos que encaminar nuestros pasos. Es increíble, pero después de tantos años de gobierno de Teodoro Obiang Nguema, los guineanos seguimos padeciendo la falta de libertades, la escasez de oportunidades y la ausencia de un proyecto nacional capaz de reunir nuestras energías en torno a un futuro compartido.
La obstinación y la soberbia de quienes se aferran al poder terminan pasando factura a toda la sociedad, incluidos ellos mismos. La familia Obiang ha concentrado durante décadas el poder político y económico, mientras buena parte de nuestra población continúa esperando respuestas a sus necesidades más básicas. El país necesita abrir una nueva etapa, recuperar sus instituciones y devolver a los guineanos la posibilidad de participar libremente en la construcción de su destino.
Pero cambiar de gobierno no será suficiente si no somos capaces de reconstruir también aquello que nos une como pueblo. Debemos preguntarnos quiénes somos, qué Estado queremos construir y hacia dónde deseamos caminar como nación.
La dictadura ha contribuido a debilitar nuestra identidad nacional, a dividir a los ciudadanos y a convertir un país con una singularidad cultural extraordinaria en una nación sin un proyecto común capaz de unir a sus gentes. Por eso, debemos recorrer el camino inverso: reconocer nuestra historia, recuperar los elementos que nos unen y construir sobre esa base un Estado democrático al servicio de todos los guineanos.

1. ¿Quiénes somos y hacia dónde queremos ir?
Guinea Ecuatorial es un país pequeño en extensión, pero extraordinariamente rico en diversidad humana y cultural. En nuestro territorio conviven distintos pueblos, con sus propias lenguas, tradiciones y formas de entender el mundo. Esa diversidad forma parte de nuestra identidad y constituye un patrimonio que tenemos la obligación de cuidar.
Ahora bien, una nación necesita también espacios de encuentro. Necesita símbolos compartidos, instituciones comunes y una lengua que permita a todos sus ciudadanos comunicarse, estudiar, trabajar y relacionarse sin que las diferencias entre ellos se conviertan en barreras o callejones sin salida.
En Guinea Ecuatorial, el español ha desempeñado históricamente esa función. Es una lengua que permite el entendimiento entre personas que no necesariamente comparten una lengua materna y que facilita la construcción de una comunidad nacional por encima de las diferencias de origen.
Por eso, cuando hablamos de nuestras raíces hispanas, no estamos proponiendo que un pueblo renuncie a su identidad para adoptar la de otro. Estamos reconociendo una parte de nuestra propia historia y un patrimonio que puede ayudarnos a construir el futuro.

2. La Hispanidad: un puente de comunicación y una oportunidad para Guinea Ecuatorial
Guinea Ecuatorial es una nación africana con una identidad cultural singular, marcada por sus pueblos, su historia y su evidente vinculación con el mundo hispánico. Reconocer esta realidad no significa renunciar a África ni dejar de valorar nuestras raíces africanas. Significa comprender que nuestra historia nos ha dejado una herencia que debemos aprovechar en beneficio de todos nosotros.
La relación histórica con España ha dejado una huella profunda en nuestro idioma, nuestra educación, nuestras instituciones y nuestra cultura. El español forma parte de nuestra vida nacional y nos conecta con una comunidad internacional extensa, que abarca España, América Latina y otros territorios donde nuestra lengua está presente. El español es una de las grandes lenguas internacionales, con más de 630 millones de hablantes potenciales en todo el mundo. Esta circunstancia tiene un valor especial para un país como el nuestro. Guinea Ecuatorial reúne a pueblos con lenguas y tradiciones propias: Bubis, Fang, Bísios, Annoboneses, pueblos Ndowé y otras comunidades que forman parte de nuestra sociedad. Cada uno posee una historia que merece respeto y protección. Sin embargo, para convivir como ciudadanos de un mismo Estado necesitamos herramientas que faciliten la comunicación entre todos.
Un ciudadano bubi no tiene por qué conocer la lengua fang, del mismo modo que un ciudadano fang no tiene por qué conocer las lenguas de los demás pueblos. El español nos permite superar esas barreras sin exigir a nadie que abandone su lengua materna. Podemos conversar, estudiar, comerciar, impartir justicia y trabajar en nuestras instituciones mediante una lengua compartida por todos.
Esta es una de las grandes aportaciones de nuestra herencia hispana: disponer de un idioma común que puede contribuir a la cohesión nacional y facilitar la construcción de una comunidad política en la que todos tengamos los mismos derechos y obligaciones.
El español no es únicamente una lengua oficial. Es, fundamentalmente, una herramienta de trabajo para nuestras instituciones, nuestra educación, nuestra sanidad, nuestra justicia, nuestra administración pública y nuestra Iglesia católica. La Iglesia ha desempeñado un papel importante en la educación, la atención a los más necesitados y la formación humana de generaciones de guineanos. Su experiencia y su presencia en las comunidades constituyen un patrimonio que debemos reconocer y que puede seguir contribuyendo al desarrollo de nuestro país. Sobre la lengua española se ha desarrollado una parte importante de nuestra formación profesional y de nuestra tradición institucional. Debemos aprovechar esa base para reconstruir un Estado que funcione, que atienda a los ciudadanos y que esté sometido al control de la ley.
Al mismo tiempo, debemos proteger nuestras lenguas autóctonas, documentarlas, fomentar su enseñanza y preservar sus tradiciones orales. Son parte de nuestra riqueza cultural y merecen su lugar en el futuro del país. No tenemos que enfrentar unas lenguas con otras ni convertir nuestra diversidad en motivo de división. Cada una puede ocupar su espacio dentro del proyecto nacional compartido.
La unidad no exige que todos seamos iguales. Exige que podamos reconocernos como compatriotas y que nuestras diferencias no nos impidan la convivencia, la igualdad ante la ley ni la colaboración en objetivos comunes.

3. Una herencia que nos abre al mundo
Nuestra vinculación con el mundo hispánico nos ofrece, además, oportunidades que debemos aprender a aprovechar. El español es una de las grandes lenguas internacionales y nos permite establecer relaciones directas con muchos países, universidades, centros de investigación, empresas e instituciones culturales.
Esa pertenencia debe entenderse desde el interés nacional. Nos ayudará a ampliar los intercambios educativos, mejorar la formación de nuestros jóvenes, desarrollar relaciones comerciales, atraer conocimientos e inversiones y dar a conocer Guinea Ecuatorial en el exterior.
Países como Perú, Ecuador, Paraguay y Honduras muestran, cada uno desde su propia realidad, que la presencia del español puede convivir con lenguas y culturas originarias. Sus experiencias son diversas, y debemos estudiarlas sin pretender trasladar automáticamente sus modelos a nuestro país. Lo importante es comprender que una lengua compartida y la diversidad cultural pueden formar parte de un mismo proyecto nacional.
Guinea Ecuatorial tiene la posibilidad de aprovechar esa conexión con el mundo hispanohablante sin dejar de ser plenamente africana. Nuestra identidad no tiene por qué obligarnos a elegir entre África y la Hispanidad. Ambas forman parte de nuestra realidad histórica y cultural, y podemos relacionarnos con ellas desde la dignidad, la confianza y el interés de nuestro pueblo.
Pertenecer a una comunidad lingüística internacional es una ventaja, pero las ventajas no producen resultados por sí solas. Para convertirlas en oportunidades necesitamos educación de calidad, instituciones fiables, seguridad jurídica, libertad para emprender y una administración que trabaje al servicio de los guineanos. Necesitamos que nuestros jóvenes puedan formarse, desarrollar sus capacidades y encontrar oportunidades en el propio país.
No basta con compartir una lengua o reivindicar una historia. Ya lo hemos visto. Debemos ser capaces de transformar ese patrimonio en conocimiento, empleo, actividad económica y mejores condiciones de vida. Ese es el desafío que tenemos por delante. Que no es poca cosa.
DESDE NUESTRAS RAÍCES HISPANAS, RECONSTRUIR GUINEA ECUATORIAL

Queridos compatriotas:
Guinea Ecuatorial necesita recuperar la confianza en sí misma y en sus posibilidades. Tenemos una historia propia, pueblos con una enorme riqueza cultural y una lengua que nos permite relacionarnos con una comunidad internacional muy amplia. Contamos con elementos valiosos para construir un futuro diferente, pero hay que ponerlos al servicio de un proyecto común.
Nuestro objetivo ha de ser un país donde nadie tenga que renunciar a sus raíces para sentirse guineano; donde las diferencias culturales no sean utilizadas para dividirnos; donde las instituciones respeten a todos y donde las oportunidades dependan de la capacidad y el esfuerzo de las personas, no de su proximidad al poder.
Desde el Partido del Progreso seguimos trabajando por un cambio político que permita recuperar las libertades, hacer posible el retorno de nuestros compatriotas exiliados y abrir una transición hacia un Estado democrático en el que todos los guineanos quepan y puedan participar.
El camino exige paciencia, perseverancia y confianza en nuestras propias capacidades. Tenemos mucho que reconstruir, pero también contamos con una historia, una cultura y unos vínculos internacionales que pueden ayudarnos a avanzar.
Guinea Ecuatorial merece un futuro en el que sus pueblos puedan vivir unidos, conservar su diversidad y desarrollar plenamente sus posibilidades. Ese futuro debemos construirlo entre todos.
Lo bueno está por llegar.
Un abrazo fraternal.
Armengol Engonga Ondo
presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial


